Sobre héroes y hazañas

El milagroso Leicester

Ilustraré con algunos ejemplos sorpresas mayúsculas en el mundo del deporte. En el boxeo, el triunfo inobjetable de James Braddock, el hombre Cenicienta, sobre Max Baer: 1935 en Long Island City, Nueva York. Otra enorme sorpresa fue el triunfo que le prometió a su madre –ella yacía agónica en el lecho– James Buster Douglas sobre Mike Tyson: 1990 en Tokio. En la Gran Carpa del beisbol, la mayor proeza inopinada fue el título logrado por los milagrosos Mets de Nueva York en 1969. Sí, sí, sí. Los Mets de Tom y Jerry: Tom Seaver y Jerry Koosman. En el futbol pensamos en el Maracanazo (Uruguay vence aBrasil) de 1950 o en la conquista de la Copa Europea de Naciones por Grecia en 2004, en el mismo año en que el Once Caldas se agenció la Copa Libertadores. Aquí me detengo.

El 2 de mayo del año en curso, el modestísimo equipo de la Liga inglesa Leicester City se consagró campeón, de manera increíble, ante la imposibilidad de ser alcanzado por el Tottenham. Jugadores impermeables al oro falso de la fama y de los grandes contratos y una dirección carismática, casi mística, de Claudio Ranieri fueron los vectores que arrojaron como resultante el tan soñado título. Fue el propio Ranieri quien dijo de manera profética justo cuando los acerados venablos de la crítica intentaban minimizar el milagro en marcha: “Hemos soñado, pero ahora es el momento de hacer este sueño realidad. Ahora es el momento de darlo todo. ¡Todo! Luego, si el Tottenham es mejor que nosotros, ok...pero tenemos que pelear, pelear...porque nunca más vamos a poder tener este fantástico momento”. Emotivas palabras que pronunció Ranieri a sus jugadores y, asimismo, a la prensa de Leicester. El sueño se ha cumplido. Es una proeza irrepetible, histórica e inemulable. Así lo tuiteó Alberto Lati: “Uruguay en 1950?, Grecia en 2004?, Once Caldas en Libertadores? No. Nada como lo del Leicester: con ese presupuesto y en torneo a 38 jornadas.”

Vivir para ver. Nuestra admiración sin orillas para Claudio Ranieri y sus incombustibles guerreros. ¡Enhorabuena! Los milagros existen.  

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