Sobre héroes y hazañas

Elogio del "Capi" España

Conocí a Miguel España en Torreón, Coahuila. Entonces jugaba con el Santos y tuvo la humildad (para Santa Teresa humildad viene de humus, ser semejantes a la tierra) de llevar un curso de redacción en la Ibero Laguna. España me dijo que su objetivo, al tomar clases conmigo, era aprender a escribir y hablar con propiedad para luego ser comentarista deportivo.

Y ahora lo vemos dueño de una ecuanimidad elegante. Lejos de ser comedido Miguel opina con propiedad y con tino impares. Se le da natural. Como jugador fue, quizá y sin quizá, el mejor medio de contención en la historia del futbol profesional mexicano: recio, impecable, tozudo y tenaz.

Miguel me narró entonces dos anécdotas que atesoro con gratitud en la memoria. La primera cuando tuvo que marcar, en el Mundial de 1986, a nadie menos que Hans-Peter Briegel. Dijo Miguel: “mis pobres huesitos tuvieron que hacer milagros para marcar al gigantón alemán”. La segunda cuando el director técnico comisionó a Miguel y a Carlos Muñoz para marcar a Diego Armando Maradona. Y agregó Miguel: “...y allí andábamos los dos tras el genio del futbol en chinga sin poder alcanzarlo”.

Estas dos evocaciones refulgen en mi memoria. Miguel es un conversador agudo, avispado. Su trayectoria como futbolista fue impresionante: cuartos de final en el mundial antes citado, subcampeón de la Copa América 1993, campeón con Pumas y Santos Laguna. Salud, querido amigo Miguel, que Dios te guarde muchos años. 

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