Sobre héroes y hazañas

El error de Mickey Owen

Hay un claro distingo entre una pifia o error y una canallada. Una de las canalladas más célebres de la historia fue el incendio del templo de Artemisa o Diana en Éfeso por parte de Eróstrato. El incendiario confesó que su único propósito tras quemar el templo era “conseguir la fama a cualquier precio”. El templo de Diana era nada menos que una de las siete maravillas del mundo antiguo. La pifia, en cambio, se comete de modo involuntario. Así que el canalla tiene la voluntad de hacer el mal mientras que, en la otra orilla, quien sufre el error quiere hacer el bien, pero termina fallando. Eso ocurrió a Mickey Owen en la Serie Mundial de 1941 entre los Dodgers de Brooklyn y los Yanquis de Nueva York. Si Owen hubiese atrapado el lanzamiento, habría caído el último out del cuarto juego de la serie y los Dodgers habrían empatado el Clásico de Otoño a dos juegos por bando, pero Owen cometió pasbol. El receptor lo narró así: “Yo no fui un gran jugador, pero quienes me vieron de catcher dirán que tuve mis cualidades. Era bueno para tirar, para atrapar elevados, para evitar wilds, pero lo único que van a recordar es aquel pasbol de 1941”.  Y es verdad. La memoria del corazón deportivo es muy ingrata. Baste recordar al Superman Miguel Marín, uno de los mejores porteros en la historia del futbol mexicano. Cuando alentamos las alas de la memoria lo vemos meter gol en su propia cueva e ignoramos sus fenomenales atajadas. Así ocurrió con Mickey Owen y su pasbol desventurado.   

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