Sobre héroes y hazañas

La maldición de la cabra

Ahora que vi cómo Jake Arrieta maniataba a los Piratas de Pittsburgh, manteniéndolos a raya con impecable pitcheo durante las primeras seis entradas, y tras contribuir con un cuadrangular al triunfo de los Cachorros, pensé y cómo no en la posibilidad de quebrantar, por fin, “La maldición de la cabra” que data desde 1945 cuando un cantinero lanzó sentencia premonitoria y adversa contra el dueño del equipo de Chicago, quien no autorizó que el tabernero Billy Sianis y su cabra Murphy ingresaran al estadio Wrigley Field en el cuarto juego de la Serie Mundial contra los Tigres de Detroit. Billy, cabra en ristre, quiso ingresar al estadio y las palabras de Philip Wrigley, tras previa consulta, fueron rotundas: “Dejen entrar a Billy, pero no a la cabra”. “¿Por qué no puede entrar la cabra?”, replicó Billy. Y la respuesta fue por demás ofensiva: “porque apesta”. Entonces Billy lanzó una maldición que prevalece setenta años: “Los Cachorros no ganarán una Serie Mundial hasta que le permitan a la cabra ingresar al Wrigley Field”. Ese año los Cachorros perdieron la Serie Mundial y Billy Sianis enderezó sus venablos verbales contra el dueño del equipo: “¿Ahora quién apesta?”.

Al ver la fenomenal forma de lanzar de Jake Arrieta quien se perfila como candidato natural a conquistar el Cy Young 2015, después de su vacilante inicio en las Grandes Ligas con los Orioles de Baltimore, la esperanza de quebrantar “La maldición de la cabra” renace. Incluso pudiera ser que el derecho inicie serie de postemporada justo contra Pittsburgh. Arrieta posee una panoplia defensiva tan variada como poderosa. Dueño de todas las prerrogativas del talento, Arrieta pudiera ser la clave de claves para echar por tierra el conjuro que cumpliría, como ya dije, siete décadas. Eso sí, para fraguar la heroicidad en el deporte es necesaria la conjunción de empeños, esto es, la combinación de varios factores: la entrega de público y jugadores, una actuación sublime de Arrieta y, sobre todo, que permitan entrar al estadio a algún descendiente de la mítica cabra Murphy, aunque esa zona del estadio apeste. 

 

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