Sobre héroes y hazañas

Los magos del relevo

La sinonimia, avisa el diccionario, sirve para reforzar o amplificar el significado de una expresión. En el beisbol utilizamos diversos adjetivos para referirnos al lanzador que sustituye al abridor: bombero, relevista, apagafuegos, por citar sólo tres. Son múltiples los relevistas que permanecen en el nicho de la memoria por su calidad irreprochable en las Grandes Ligas. Si en un ejercicio de ascesis mnemónica me indagarían acerca de cinco me detendría sin duda en Sparky Lyle, el Ganso Gossage, Rollie Fingers, Tug McGraw y Mariano Rivera, pero la lista es inabarcable y toda selección, obviedad de Perogrullo, implica renuncia. Aquí me detengo.

Acude a mi memoria el nombre de un extraordinario relevista de los Charros de Jalisco que iluminó horas de mi niñez con sus actuaciones fantásticas y, sobre todo, con la actuación señera de la serie final de la Liga Mexicana contra los Saraperos de Saltillo en 1971. Una serie inolvidable por la insólita remontada del equipo que dirigía Benjamín Cananea Reyes. El relevista era Manuel Lugo, y tengo para mí que aún vive y que recuerda con emoción y gratitud aquella reñida serie. Porque los Charros estaban contra la pared tres juegos a cero y fraguaron la remontada más increíble de la historia para imponer su ley en siete cotejos. Aquellos Charros, ¡ah, porosidad de la memoria humana!, lucían en sus filas a Cerda, Lauro Villalobos, Clemente Rosas, el venezolano Torrealba, Juan Francisco Menchaca, Parlier. Un trabuco.

Entre los relevistas mexicanos que han trotado con fortuna en la gran carpa sobresale, ¡y cómo no!, Horacio el Ejote Piña. Este aguerrido pitcher, quien tiraba por abajo del brazo como Kent Tekulve, fue el primer mexicano campeón en una serie mundial: 1973 con los Atléticos de Oakland y frente a los Mets de Nueva York. Horacio, oriundo de Matamoros, Coahuila, lanzó juego sin hit y juego perfecto en la Liga Mexicana, y en el beisbol de Norteamérica fungió como impasable apagafuegos: un bombero impresionante cuya labor en la loma de las responsabilidades de las Grandes Ligas comprendió el espectro temporal entre 1968 y 1978. Un titán auténtico. Evocación de Horacio el Ejote Piña, un mago del relevo.

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