Sobre héroes y hazañas

La “doceava” copa: un sueño cumplido

Me rindo: ayer escuché a varios comentaristas que decían “Chivas obtuvo su doceava copa de Liga”. Ni hablar: será difícil extirpar ese dislate.

El juego final cumplió el vaticinio de la guerra digna. Una final trabada y a la que no le faltó el ingrediente de la polémica. Una polémica que surge tras una mala decisión del árbitro en la franja crepuscular del partido. Un penal no marcado que desdora el título de las Chivas aunque, en rigor, el Rebaño Sagrado jugó mejor que Tigres, pero el gol del empate estaba justo allí, en la decisión de marcar ese penal. Quizá Luis Enrique Santander no apreció con justicia esa jugada. Acaso pensó que no era penal. Lo cierto es que, como dijo el clásico, la sospecha es como el amor: fácil de entrar y difícil de salir.

Chivas es un digno campeón y Tigres se quedó a milímetros de forzar el alargue y lograr su sexto campeonato de Liga. Quedarán en el recuerdo, tras la criba del tiempo, los goles de Pulido, la reciedumbre del capitán Salcido, la magia de Gignac y la pose de pensador de Rodin que Matías Almeyda sostuvo durante casi todo el partido de vuelta.

El director técnico argentino parecía juzgar con milimétrica lupa cada jugada: un estratega de lujo que cuatro años atrás fue defenestrado por Ríver. Y se enteró en una cena: “¿Qué querés que haga? Me echan”, dijo el Pelado. Ahora, con la décimo segunda (que no doceava) copa liguera en las alforjas, Almeyda puede celebrar su coronado esfuerzo. Vaticinio cumplido: ¡Salud por las Chivas! 

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