Sobre héroes y hazañas

La lección de Marchesín

En un recóndito lugar del estadio del Santos Laguna, el padre de Agustín Marchesín responde a los intrigados fanáticos respecto del futuro de su hijo: “hay tiempo para que llegue a Rusia como titular. Agustín solo ha cometido cinco errores garrafales en todas su carrera. Tenemos que ser pacientes. Por lo pronto, piensa quedarse un buen tiempo en Santos. Está muy contento”. El sexto error craso de Marchesín fue en aquella final contra el América. El creciente rumor de su partida al Boca Juniors, con menos sueldo, pero con mayor visibilidad para ser tomado en cuenta como cancerbero titular con la albiceleste, ha sido apagado este domingo, cuando Agustín, con un dedo fracturado pero con el corazón bravío, renovado por el fervor que le tiene al equipo santista, en lugar de dejar a su equipo con diez prefirió sumarse al ataque como centro delantero. Luis Zubeldía, su amigo y entrenador desde el Lanús, asintió convencido de que se trataba de una ejemplar lección de pundonor, enjundia y gallardía. El mensaje fue claro: no solo amo al Santos, sino que estoy dispuesto a morirme en la raya con el equipo. También era una lección para estimular, para aguijar a la adormilada delantera de un club huérfano de goles. Una lección inolvidable que borra toda sospecha de traición o valemadrismo de Marchesín, el mejor portero del futbol mexicano y, quizá y sin quizá, uno de los mejores del mundo. Y no exagero. Si Agustín Marchesín termina yéndose al Boca, no pensemos en falta de querencia albiverde. Pensemos en que, en la otra orilla de los mercaderes que solo piensan en vitaminar su faltriquera con dinero a pasto, Agustín quiere estar en el Mundial de Rusia. Su profesionalismo es intachable.   

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