Sobre héroes y hazañas

Los hot dogs delatores de Gates Brown

Los hot dogs tienen lugar de privilegio en la historia del deporte: Tony Galento, Vassili Aleixev o Gates Brown. En el caso del bateador de los Tigres de Detroit, los hot dogs alcanzaron alturas cómicas insospechadas. Aún recuerdo cuando Jorge Sonny Alarcón decía del grandullón William James Gates Brown que: “agita su escopeta como si fuera un cepillo de dientes”. Brown era corpulento, gigantón, pero nunca fue un bateador de gran poder. Su promedio general se ancló en .257 y su marca de jonrones ni siquiera llegó a 100. Pero su nombre ha sobrevolado los años gracias a dos anécdotas: fue campeón en 1968 con los milagrosos Tigres de Mickey Lolich, Jim Northrup o Denis McLain. Y, sobre todo, por protagonizar una divertida peripecia el 7 de agosto de 1968.

Brown se las ingenió para meter dos hot dogs a la caseta. El mánager Mayo Smith ordenó inesperadamente que Brown jugara como bateador emergente; su azoro fue mayúsculo y debía deshacerse rápido de la evidencia, no quería que su jefe advirtiera el desacato. Entonces escondió los hot dogs en las bolsas de su chamarra. Pensó: ‘si pego de hit, tengo que correr con los hot dogs en las bolsas a buen resguardo; si me ponchan, regreso tranquilo a la banca. Un lanzamiento franco hizo que Gates impactara sólido una pelota que cruzó encima del primera base y siguió su destino a los jardines; él se animó a correr hasta la segunda y llegó a salvo, pero sorprendido al máximo: los hot dogs se habían agitado tanto que ahora se encontraba embijado: mostaza, salsa de tomate y más. Fue jocoso observar cómo el moreno intentaba limpiar su uniforme; los jardineros se acercaron y, al verlo salpicado de hot dogs, la risa fue unánime. Gates se sentía avergonzado. Le preocupaba la reacción del mánager y cuando terminó la entrada, Gates se dirigió a su caseta. Mayo Smith le espetó furioso: “¡¿A quién diablos se le ocurre comer hot dogs en pleno juego?!”. Brown respondió nervioso: “Estaba hambriento. Además, ¿dónde se puede saborear mejor un hot dog que en el mejor asiento de la casa?”. Mayo sonrió desarmado. Brown pagó 100 dólares de multa. Numerosas veces Gates metía sus hot dogs furtivos. Era la primera vez que tuvo que esconderlos. Y los delatores hot dogs le ensuciaron el juego. 

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