Sobre héroes y hazañas

La hora de Neymar

En el 2014 Brasil vivió inundado por la medusada imagen del futbolista Neymar. A lo largo y lo ancho del país se brindó una veneración rayana en la idolatría al astro goleador: caricaturas, revistas, carteles, cachivaches de diversa estirpe, pregonaban la imagen de Neymar y la expectativa de que Brasil llegaría a la final era ingente. La decepción en aquel juego contra Alemania fue aún mayor: la inesperada goliza propinada por los teutones ardió en el corazón más profundo del país: una humillación inimaginable que fue bautizada como el Mineirazo. Dos años después, en el Maracaná, con el estadio a tope y contra la misma, la eterna Alemania, Neymar emprende el reto mayúsculo de su trayectoria. Es el pistón del equipo, el referente obligado, un ariete que ha brillado con el Barcelona al conformar el triplete ofensivo más letal del futbol mundial, junto a Lio Messi y Luis Suárez. Pero la deuda con el público de Brasil le duele en el alma y el azar, que según Borges es dadivoso, le ha puesto en ocasión inmejorable. Se trata de la disputa del oro olímpico, jamás conseguido por los brasileños, contra nadie menos que la implacable Alemania. Y entonces, Neymar, sabedor de que es la figura futbolística de la Olimpiada de Río, se echa al equipo en la chepa, esto es, en la espalda. Anota cuatro goles en la justa y ahora se perfila para cobrar el penal decisivo. ‘Neymar, Neymar, Neymar’, el grito de la fanaticada es incontenible y el ariete rompe en llanto por haber cumplido su más granado sueño: la reconciliación con el público que lo vio llorar de otro modo en el Mundial pasado: es la hora de Brasil como campeón olímpico y es, asimismo, la hora del Neymar inolvidable.

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