Sobre héroes y hazañas

Elogio de "El León de la Metro"

El otro día, Eduardo Lamazón me presentó en su casa -una casa de hospitalidad insomne- a Leonardo Cuéllar y su bella pareja. Sí, sí, Leonardo Cuéllar, el ex futbolista de los Pumas y de la Selección Nacional. Leo conserva una afabilidad intacta y la sonrisa de quien presumió la más frondosa cabellera que en el futbol mexicano ha sido, acaso solo emulada en otras latitudes por la melena del Carlos Pibe Valderrama. Quiso el azar concurrente de Lezama Lima que yo conociera a Cuéllar en la casa de Lamazón y que, de modo inmediato, mi memoria se teletransportara a la década de los setenta: cuando en Múzquiz, Coahuila, yo coleccionaba corcholatas con los rostros de los futbolistas que habrían de jugar el malhadado Mundial de Argentina 78 (México no pasó de la primera fase), pero la melena de Cuéllar puso un ingrediente extra al espectáculo. Gracias a esa cabellera, Leo Cuéllar fue bautizado por nadie menos que Ángel Fernández como El León de la Metro. Como todos los apodos de Ángel, éste fue puesto con puntería de arquero medieval. El espectro temporal como futbolista de este fino volante ofensivo comprendió 13 años: Pumas, Atletas Campesinos y dos equipos de Estados Unidos. Cuéllar distribuía juego con fortuna; era, para decirlo como los italianos, un imaginista de la media cancha, un futbolista con una inteligencia espacial superlativa. Por eso me dio un alegrón el encuentro con el hombre que con justicia se ufanaba de su melena leonina. 

gilpradogalan@gmail.com