Sobre héroes y hazañas

Refutación del empate

En su Tesoro de la lengua castellana o española, Sebastián de Covarrubias dice “juegos se llamaban los espectáculos públicos que se hacían para entretener el pueblo”. María Moliner, por su parte, aduce varios significados de jugar: “moverse o hacer cosas con la única finalidad de divertirse”, “tomar parte en los deportes o en juegos de azar”, “arriesgar”, “tratar una cosa sin darle la importancia que merece”: “no juegues con tu salud”. En ninguno de los diccionarios del idioma español que he visitado, en el segmento dedicado al infinitivo jugar, mencionan la palabra empate o el verbo empatar. Sí aparecen, por supuesto, los verbos ganar y perder o los infinitivos aventurar o arriesgar. ¿Por qué no aparecen los empates en las definiciones de juego, de jugar? Porque es un contrasentido decir que en un juego alguien empata. Esto lo vio muy bien Borges en lo concerniente al futbol o fútbol, como lo apodan en Sudamérica. La esencia del juego es ganar o perder. Por eso me parece un disparate que varios deportes permitan los empates. Acaso las tablas solo parezcan justas en ese “juego de mesa entre dos personas” llamado ajedrez. ¿Es, en rigor, el ajedrez un juego? Suspendo el juicio, pero insisto en el carácter absurdo (en la absurdidad) de los empates. Además hay en nuestra lengua expresiones que evidencian la contundencia de ganar o perder a ultranza como, por ejemplo, “jugarse el todo por el todo”. No hay margen para el empate. 

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