Sobre héroes y hazañas

El fiasco de la Liguilla

No con ánimo de incordiar, pero sí con el ánimo de que nuestro futbol tenga mejores dividendos me atrevo a hacer el análisis de lo que, un tanto de manera despectiva, conocemos como Liguilla en el futbol nuestro.

¿Por qué no decimos la extra o súper liga? La razón es muy clara: la Liguilla es una invención del futbol más disparatado y caótico del mundo donde el último lugar puede golear al primero sin problema. La Liguilla es una invención que sólo favorece a los dueños de los equipos, ávidos de espectáculos que recuerdan los mejores tiempos del circo romano. El análisis  arroja lo siguiente:

Esta temporada llegan a la final, ¡madre mía!, el sexto y el octavo lugares de la tabla general: una vergüenza químicamente pura.

Mientras en la Liga española el Atlético de Madrid se juega el pellejo en la Liga y en la Champions nuestros equipos en la Libertadores hicieron el ridículo. No podemos competir con dignidad en dos torneos: una vergüenza químicamente pura.

De los cuatro equipos que capitanearon la general sólo dos llegaron a semifinales. Y el líder mordió el polvo con el último de los clasificados: una vergüenza químicamente pura.

El abominable tirano, como llama Eduardo Galeano al árbitro, hizo de las suyas en la pantomima llamada Liguilla, con el énfasis puesto en Chiquimarco: una vergüenza químicamente pura.

Debemos revisar nuestro futbol de los pies (pregúntenle a la podóloga) a la cabeza. Una vergüenza químicamente pura.

En un pasaje de El Criticón Baltasar Gracián concibe un aforismo luminoso: “Mérito sin premio y premio sin apremio”. Los finalistas de nuestra Liguilla no tienen mérito ninguno. Y quienes fraguaron el mérito durante 17 arduas jornadas (sí, claro, me refiero al Cruz Azul) se quedaron con las arcas vacías.

No se me oculta que la Liguilla es espectáculo y negocio, pero en ningún lugar del mundo se agotan las combinaciones del ridículo como en México: una vergüenza químicamente pura.

gilbertoprado@hotmail.com