Sobre héroes y hazañas

La fauna deportiva

Alacranes, pulgas, piojos, conejos, burros, tiburones, pulpos, arañas, pollos, cobras o avispas: los apodos deportivos relacionados con el mundo animal pululan, donde pulular es sinónimo de abundar y bullir en un lugar. Invito a mi lector a que, en un esfuerzo memorioso, recupere imágenes de jugadores, en cualquier deporte, con sobrenombres fáunicos. La lista es interminable. Si me ciño a la enumeración que inaugura este artículo tendré que citar al Alacrán Jiménez, ariete de los Rayados del Monterrey o, en otra disciplina, a Efrén el Alacrán Torres, un boxeador mexicano que brindó tres aguerridos combates contra Chartchai Chionoi. Si prosigo la lista recuerdo a la Pulga, uno de los apodos de Lionel Messi, el mejor sin sombra. Y luego el Piojo Herrera y después a un par de conejos: Pérez y Saviola. El portero mexicano sigue plantando cara en las canchas. A Saviola le perdí la pista aunque sé que jugó en River, Barcelona y Madrid. El Burro nos remite a un fino mediocampista ofensivo de River y quien alcanzó su cenit en el Mundial de Francia (1998) donde marcó un par de tantos: Ariel el Burrito Ortega. Asociamos la voz Tiburón con la presencia del recio defensa central de Veracruz y Chivas, Joel Sánchez. Los más entrañables pulpos en el beisbol mexicano y extranjero son Remes, quien jugó para los Tigres y Antonio Alfonseca, un pitcher dominicano que tenía polidactilia o dedos supernumerarios. La Araña Negra fue Lev Yashin, el mejor portero de la historia también apodado Pantera Negra. Hay pollos en todas partes. En el beisbol el Pollo Eladio Urías. En el futbol Fernando Pollo Salazar, quien militó en Pachuca y en Morelia, entre otros equipos. La Cobra fue el sobrenombre mítico de Juan José Muñante, un extremo ofensivo imparable que jugó una final entre el Atlético Español y el Cruz Azul. Recuerdo que Sánchez Galindo tenía que jalarle de los calzoncillos a Muñante para intentar frenarlo. Campeona del mundo de peso mínimo ha sido (o es) la boxeadora Anabel Avispa Ortiz. En fin. El recipiente de la memoria es, por fortuna, limitado. Aprovecho para saludar a Ramón el Abulón Hernández quien, por cierto, me agradeció aquel artículo donde tendía un puente entre el molusco que jugó en los Diablos Rojos del México y nadie menos que el Bagre Jim Hunter, pitcher abridor de los Atléticos de Oakland.  

 

gilpradogalan@gmail.com