Sobre héroes y hazañas

En defensa de Gostkowski

Después de un impresionante rosario de aciertos en el cobro de puntos extras, el pateador Stephen Gostkowski, de los Patriotas de Nueva Inglaterra, falló lamentablemente, pero no me parece justo que al término del partido se lacere con el flagelo de la culpa como si solo él hubiese errado. Y, además, quiero eximir a Gostkowski de la dolorosa derrota de los Patriotas a manos de los Broncos de Denver y su mariscal de campo Peyton Manning. Una larga fila de conjeturas emerge tras el descalabro de Nueva Inglaterra. Si Gostkowski hubiese acertado aquel punto extra, si los Patriotas hubiesen convertido los dos puntos en la franja crepuscular del encuentro, si la patada corta...y un alud de hipotéticos escenarios, todos bordando sobre la nada. Ningún juego depende una jugada. Se trata de un espejismo. Porque esa sola jugada decisiva ha sido fruto de una serie de circunstancias, embates y envites, que posibilitan el dramático final, pero sin el sedimento de lo ya logrado lo que parece ser “la jugada decisiva” es solo una quimera montada sobre un palanquín de hechos precedentes. De modo que, por ejemplo, si Gostkowski hubiese acertado el envión anímico de los Pats, la sensación psicológica del raudo empate, habría cambiado el destino del juego. Y el marcador, por supuesto, habría sido distinto y acaso no tan reñido como el real, como el verdadero que dejó interrogantes tremendas para Nueva Inglaterra de cara a la próxima temporada. ¿Por qué nadie culpa a Tom Brady? El mariscal de campo tuvo una mediocre actuación (incluso dos intercepciones). Mas Brady tiene el aval del prestigio que le confieren sus cuatro anillos, mientras que, en la otra orilla, la racha de Gostkowski fue quebrantada después de ¡madre mía! 523 puntos extras conectados sin yerro. Del mismo modo defendí a Blair Walsh, de los Vikingos. El juego es de todos y cada quien carga sobre su espalda la cuota de responsabilidad correspondiente. Gostkowski tuvo tiempo de reivindicarse con un gol de campo de 46 yardas, pero nadie perdona la suspensión de la magia. 

 

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