Sobre héroes y hazañas

Cruz Azul por siempre

A Carlos Escalante in memoriam


Suelo colocar mi celular en la mesita de noche porque, como dice Neruda, “la desdicha atraviesa la paz de los dormidos”. Ayer recibí un dolorosísimo mensaje de mi querida amiga Gabriela Warkentin donde me avisaba del fallecimiento del carismático Carlos Escalante, un hombre generoso y honesto. Conozco numerosos aficionados que, ante la impresionante sequía de títulos de La Máquina cementera, abandonan el barco, cambian de singladura, olvidan la vieja querencia o, en el peor de los casos, diversifican sus amores hacia otras camisetas, mudan de equipo. Si algo caracterizó a mi querido Carlos fue una fe infinita hacia el Cruz Azul, una fe que algún día habrá de vencer los obstáculos, sortear los valladares y brindará un título de Liga a La Máquina. El sueño se fraguará desde el cielo. Porque los mecanismos secretos de los favores celestiales, os lo juro, existen e inciden en nuestras quebradizas existencias. El otro día, en San Angelín, leí el poema que Borges dedicó a Alfonso Reyes. Y María Elena, una de las anfitrionas del curso me dijo: “En esta casa vivió Alfonso Reyes. Yo lo conocí. Desde el cielo agradece el sabio mexicano tu emocionada lectura”.

Carlos Escalante vivió con intensidad químicamente pura su amor hacia el equipo Cruz Azul.

En otra dimensión, con parejo fervor, habrás de celebrar el título de La Máquina. ¿Cuántos años faltan? Dios tiene la palma final, como escribió en “El duelo” Borges. Que Él te arrope en su regazo, siempre querido y ahora llorado amigo Carlos.  

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