Sobre héroes y hazañas

Pasaporte al cielo

Dice Baltasar Gracián en su novela-río-museo El Criticón que el mérito es el portero de la isla de la inmortalidad. Para trascender hemos de ser revisados por ese censor estricto llamado mérito que, como quería el poeta, “vivo, se hunde; pero muerto, flota”. Enorme el mérito del modesto equipo Chapecoense que estuvo a un tris de disputar la final de la Copa Su-damericana. Caio Júnior, director técnico del equipo, había dicho, tras haber troquelado la tremenda hazaña, “si en este momento muriera sería feliz”, infausta premonición. En la otra orilla el hijo de Caio Júnior había olvidado el pasaporte y ese olvido evitó el tránsito hacia la aduana eterna: “Yo estaba en Sao Paulo hoy y no embarqué porque se me había olvidado el pasaporte”: venturoso olvido. Cuando esto ocurre, cuando el curso de la vida se ve afectado de manera súbita y brutal, uno siempre se pregunta con el hombre del búho, con el poeta Enrique González Martínez: “¿Contra quién me rebelo o a quién pido?”. La interrogante persiste como persiste el desasosiego de familiares y amigos de las más de 70 víctimas del accidente del fatal vuelo 2933 hacia Medellín de la aerolínea Lamia.

Yo inmóvil y aturdido solo rezo, rezo y lloro. 

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