Sobre héroes y hazañas

El Cenit de Julio César Chávez

Entre los 115 combates protagonizados por Julio César Chávez destaco tres por su relevancia pero, sobre todo, porque son las tres refriegas boxísticas que acuden con mayor gratitud a mi memoria.

Una de ellas fue la que catapultó a Julio a la conquista de su primer campeonato mundial: en 1984 contra Mario el Azabache Martínez. Una pelea dura, de nervio tenso, trabado, de alternativas y donde el gran campeón mexicano exhibió un pundonor a toda prueba.

La segunda es la mítica contra Meldrick Taylor (la primera de dos batallas entre ellos): Las Vegas, marzo de 1990. Los últimos segundos de dramatismo exponencial. El golpazo letal de Julio cuando la pelea estaba cuesta arriba, casi imposible de ganar. Un episodio final indeleble e imperecedero. La cuento entre las proezas más granadas en la historia del deporte mexicano, y no exagero.

La tercera fue la escaramuza contra Héctor Macho Camacho: un recital boxístico inolvidable. Una lección de gallardía estilística y de coraje impares que Julio desplegó sobre el malogrado boricua. Julio César Chávez boxeó por nota y ganó una amplia división unánime.

Tres momentos cumbres en la trayectoria de uno de los más grandes guerreros de los cuadriláteros de todos los tiempos: el triple cenit del boxeador mexicano.

También recordamos su primer empate tras un rosario de nada menos que 87 victorias. Fue contra Pernell Whitaker en San Antonio, Texas. Hoy recuerdo las páginas más emotivas del álbum de contiendas que sostuvo -durante un cuarto de siglo- el sonorense. 

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