Sobre héroes y hazañas

El caballero Michael Phelps

Tras un titánico esfuerzo por conquistar el tetracampeonato en los 100 metros mariposa el viernes pasado Michael Phelps mostró un gesto de sorprendente y grata caballerosidad, sí, sí, sí, el más grande nadador de la historia olímpica, al felicitar a su victimario el singapurense Joseph Schooling, un admirador de Phelps que frustró de ese modo la proeza que el tritón sí consiguió en los 200m combinados.

Phelps se agenció su primer oro en los 100m mariposa en Atenas 2004, lo volvió a hacer en Pekín y luego en Londres.

La fotografía de Schooling y Phelps, ocho años atrás, se viralizó porque el singapurense había manifestado abiertamente su admiración hacia El tiburón de Baltimore.   

Por ello en el podio, con una plata más en sus alforjas, Phelps se veía contento y agradecido a un tiempo: había sido vencido por un jovencito que en la fotografía de 2008 aparece calzando gafas y con una estatura que apenas bordea el hombro del colosal atleta de las 23 medallas áureas.

Scholling impuso marca olímpica y enseñó los colmillos de la pretensión dorada desde las pruebas preliminares. En la otra orilla, impermeable a la envidia, con esa satisfacción de sí mismo definida con belleza impar por el filósofo Baruch Spinoza, Michael Phelps ponía fin a su brillantísimo e inemulable ciclo.

La diferencia de edad entre Schooling y Phelps es de diez años. Esta derrota, asumida con caballerosidad y urbanidad deportiva excepcionales por Phelps, pone fin a una racha inverosímil, imposible de imaginar en cualquier latitud, en cualquier tiempo. 

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