Sobre héroes y hazañas

Beber con Rubén Olivares

Entre las canciones que más me impresionan de José Alfredo Jiménez destaco “La muerte en los puños”: un poema en rigurosos octosílabos asonantados: “Nació cerca del potrero/donde no había ni un caballo;/recibió la luz del cielo/con relámpagos y rayos”. Recuerdo que hace ya varios años (fue en el 2009) que coincidimos con Rubén Olivares en la cantina número Uno de la colonia Los Doctores. El carismático Púas nos contó (a mi hermano Javier y a tres o cuatro amigos del alma) que José Alfredo le había escrito esta canción tras un histórico triunfo contra quién sabe quién en el Forum de Inglewood, California: “Fue en la barra del bar ‘El Carioca’, en el Este de Los Ángeles, después de la pelea. José Alfredo me escribió la canción en unas servilletas. Luego la escuché en el radio. Y me dije: ‘Esa canción es mía’: José Alfredo me la escribió a mí”. En aquella ocasión Olivares pidió al mariachi que, precisamente, interpretara “Con la muerte en los puños”. Cuando la letra rezaba: “Llegó a ser campeón del mundo/no había quien se le enfrentara/hasta que llegó un valiente/y peleó en Guadalajara”: yo le levanté la mano derecha a Rubén Olivares, quien estaba profundamente emocionado: “Salió a ganar como siempre/desde la primer campana/le pegó hasta que la muerte/se le dibujó en la cara”. Le pregunté al Púas: “¿oye, Rubén, y conservas las servilletas donde José Alfredo te escribió la canción?”. Y me respondió: “No mames, si hasta la chamarra perdí en esa peda”. 

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