Sobre héroes y hazañas

Remembranza de Carlos Monzón

Hoy recordé a uno de los más grandes boxeadores argentinos de todos los tiempos: el inmortal Carlos Monzón: nació en Santa Fe el 8 de agosto de 1942. Monzón tuvo, a mi juicio, cuatro momentos estelares que lo catapultaron hacia una fama frenética: la conquista del mundo desde Roma cuando noqueó al idolazo italiano Nino Benvenuti el 7 de noviembre de 1970, el segundo enfrentamiento contra Bennie Briscoe, el reñido zipizape contra el moreno Emile Griffith (segunda pelea entre ambos) y la llamada por Julio Cortázar “La noche de Mantequilla”.

El Gaucho de Hierro, quien falleció en un accidente automovilístico en 1995, era descendiente de la tribu de los mocovíes y debió no poca de su fortaleza y determinación a la sangre indígena. Monzón acabó con Benvenuti con recio derechazo a la mandíbula ante el estupor de un auditorio que daba por descontado el triunfo de Nino. Roma se conmovió de pies a cabeza. El Niño Bello había sido noqueado por la estrella emergente.

En la refriega contra Griffith, en Mónaco, el moreno arrojó varios latigazos en busca del nocaut. Monzón los esquivó con inteligencia y elegancia. Una elegancia basada en el delicado equilibrio entre velocidad y fuerza y, además, en un incansable jab de izquierda que abría camino a la letal derecha. Hacia el undécimo round no se disipaban las sombras y parecía que Griffith ganaría por puntos. El moreno había estado más cerca de tumbar al gaucho. Contra todos los momios ese combate se fue a quince asaltos. Y Monzón consumó su victoria.

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