Sobre héroes y hazañas

El beisbol: fauna marina. Del "Abulón" Hernández al "Catfish" Hunter

Entre los múltiples apodos que he escuchado a lo largo de los últimos treinta años (¡veinte años no son nada, pero 30 ¡ya cuentan!) me retuvieron –y aún me retienen-  dos motes concernientes a lo que aquí denomino la fauna marina: el Abulón Hernández y el Catfish Hunter. Ahora me explayo, como dicen no sin pedantería los entendidos.

Ramón Abulón Hernández fue un fino segunda base de los Diablos Rojos del México. Perteneció al inefable trabuco donde militaron, por ejemplo, Miguel Suárez (Mr. Hit, como lo bautizó el Rápido Esquivel), Adolfo Phillips, Abelardo Vega y Marcelo Juárez, entre otros. El Abulón fue un portento: alérgico a los ponches terminó su carrera frisando los .300 de porcentaje (.293). Jugó 15 años para los Diablos Rojos y conquistó campeonatos en 1968, 73, 74 y 79. Un caballero dentro y fuera de los estadios es y seguirá siendo el gran Ramón Abulón Hernández.

El otro sobrenombre inolvidable de la fauna marina pertenece a un lanzador de los Atléticos de Oakland y de los Yanquis de Nueva York. Aquellos formidables Atléticos de Reggie Jackson, Sal Bando, Joe Rudi y Bert Campaneris: Jim Catfish Hunter. Este gran serpentinero fue definido por Míster Octubre Reggie Jackson como “un fabuloso ser humano, un hombre de honor, un hombre de lealtad inquebrantable”. Y desapareció de la faz terrena en 1999. Había sido elegido miembro del Salón de la Fama en 1987. Su carismático bigote, matriz de su apodo, mereció una canción homenaje de nadie menos que Bob Dylan en 1975: Catfish. Y es que Hunter ganó cinco Series Mundiales, tres con los Atléticos y dos con los Yanquis. Un portento.

En el apresurado recuento de los inmortales, en la nómina estricta de quienes han sorteado el mar de la mediocridad a nado, sin naves ni más remos que los propios brazos, el Abulón Hernández y Jim Catfish Hunter pueden estar, como dijo el poeta del soneto contra la elegancia del cisne, “a salvo ya de la traición del aire”.

Que Dios nos cuide al Abulón Hernández y que tenga en su eterno regazo a Jim Catfish Hunter: dos portentos de la fauna marina. 

 

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