Sobre héroes y hazañas

Evocación de Abebe Bikila

“Que para alcanzar a Dios/mejor corre el más desnudo”, dice Lope de Vega en “El peregrino en su patria”. Sabias palabras que nos hacen pensar en la monumental, hercúlea empresa cumplida por el atleta etíope Abebe Bikila en la olimpiada de Roma (1960).

Como sabemos, el moreno llegó tarde a la repartición de zapatillas y ninguna le cuadró. Quiso entonces correr descalzo, tal como acostumbraba realizar sus entrenamientos. No solo ganó la carrera más larga de cuantas existen (42.195 kms), sino que rompió la marca mundial y demostró que, en efecto, Etiopía era un pueblo dotado con determinación y señalado por el heroísmo.

Se cuenta que durante la carrera Bikila pasó frente al obelisco Axum que había sido robado a Etiopía por los italianos en la segunda guerra ítalo-Abisinia (1937). Visión que hubo de fungir como indudable acicate en el corazón del africano. Aquellos pies descalzos fundieron en un solo atleta la humildad y el poderío.

El infortunio, que siempre persiguió a Bikila, no habría de abandonarlo en la Olimpiada siguiente en Japón (1964). Allí tuvo que ser operado de manera urgente y compitió tras una rápida convalecencia por apendicitis. Mientras se recuperaba de la operación el atleta resucitó aquellas imágenes de su adolescencia cuando, admirado, vio a la comitiva olímpica de su país con el nombre Etiopía en la espalda: la primera y principal motivación para entrenar como loco y pretender ganar a Wami Biratu, su ídolo y rival como fondista. 

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