Sobre héroes y hazañas

Steve Prefontaine: una luz que no se borra

La muerte de Steve Prefontaine tiene aun hoy, a 41 años de distancia, un halo de misterio.

Después de conversar con sus amigos acerca del mismo tema, la pérdida de la medalla de bronce en los Olímpicos de Múnich (1972), cuando fue rebasado por el inglés Ian Stewart a solo 15 metros del final, Steve toma las llaves de su carro y se dirige a la puerta. Alguien le dice que, por favor, conduzca con cuidado. El atleta lanza besos llevándose las manos a la boca, se despide de Frank Shorter y luego cierra la puerta con movimiento enérgico. Por su mente pasa la imagen del británico Ian Stewart superándolo en aquella carrera. Un cierre increíble, dramático, inesperado. Luego se ve a sí mismo desconsolado tras la derrota. Mueve los brazos de un lado a otro en señal de decepción e impotencia. Escucha la voz admonitoria de su entrenador Bowerman reprimiéndole por la mala administración de aquella carrera en la que el finlandés Lasse Virén refrendó su hegemonía: “debiste adelantarlos al final, no antes”. Prefontaine piensa, molesto: “¡vaya novedad!”. Como sabemos, Steve Prefontaine alcanzó la punta de la carrera de 5 mil metros en Múnich al minuto nueve con 30 segundos. Y se mantuvo como líder dos minutos más. Perdió la posición en el minuto 11 con 30 segundos. Batalló en tercer lugar en el último tranco de la competición y fue superado de manera increíble por Stewart, vertiginoso e incontestable. Absorto en su reflexión, Steve no se percata que un carro viene de frente, justo por el mismo carril donde discurre el vehículo del fondista. A pocos metros de impactarse Steve Prefontaine hace gala de reflejos y esquiva al automóvil. Sale de la pista y se impacta con una roca. Contaba con apenas 24 años y se preparaba intensamente para participar en los Juegos Olímpicos de Montreal (1976). Había corrido los 5 mil metros nueve veces en menos de 13 minutos con 30 segundos. Una de sus frases más elocuentes ha sido esculpida con letras áureas en la historia del deporte: “Dar menos de lo mejor de ti es sacrificar el don”.  

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