Sobre héroes y hazañas

Rocky Marciano vence a Joe Louis

Era el ascenso de la estrella frente al crepúsculo de su ídolo. Rocky Marciano enfrentaba a quien había admirado durante muchísimos años: Joe Louis, el Bombardero de Detroit en su regreso al boxeo. El moreno lucía fuerte, pero parecía a ratos fatigado. Tenía enfrente a una locomotora humana, a un vertiginoso y recio pugilista cuya principal virtud era el incombustible fuelle, un envión o empuje inigualable.

En el crepúsculo del primer round Marciano sacudió la cabeza de Louis con tremendo volado de derecha. El segundo episodio fue trabado, de crispante y tenso nervio. Louis hacia atrás y Marciano, implacable, lo llevaba a las cuerdas para intercambiar metralla: uppercuts, volados, ganchos al hígado. En la franja final del séptimo asalto Marciano volvió a sacudir con violencia y tino la testa del viejo bombardero que ya tenía un cerquillo a guisa de tonsura en la parte superior de la cabeza. En el octavo round Marciano derrumbó a Louis con un fulminante izquierdazo. El moreno, con la pierna derecha hincada, escuchó la cuenta de protección sereno, casi impávido. Se sentía aún fuerte, listo para la refriega. Marciano quiso acabar el combate y, sin embargo, erró cuatro golpes consecutivos. Louis, inteligente, se amarraba en prolongado clinch. El Madison Square Garden enmudeció cuando el intrépido Rocky propinó primero dos izquierdas letales y luego un bombazo de derecha que derribó al otrora imbatible ex campeón del mundo. Con la pierna derecha sobre la primera de las cuerdas y el cuerpo fuera del cuadrilátero Joe Louis, desconcertado y sin fuerzas, había sido noqueado. Minutos después Rocky Marciano rompió en llanto por haber vencido al más grande de sus ídolos. Era la reconfirmación de lo que sería una fulgurante trayectoria cuyo primer punto de inflexión fue aquella victoria, por decisión dividida, frente a Roland LaStarza, un italoamericano que había llegado invicto a la pelea contra Marciano. 

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