Sobre héroes y hazañas

Roberto Clemente In memoriam

El lanzador Tom Walker llega a su casa en aquella noche vieja de 1972 y enciende el televisor. El noticiero avisa que el avión en el que viajaba el gran jugador de los Piratas de Pittsburgh Roberto Clemente se ha estrellado cerca de la costa de Isla Verde, Puerto Rico. Walker había ayudado, unas horas antes, a cargar el avión donde viajó Clemente para llevar ayuda a los supervivientes del terremoto que devastó Managua. Walker quería acompañar a Clemente en el vuelo, pero el jardinero derecho de los Piratas le dijo que mejor se quedara en casa, que el avión estaba lleno. El azar providente salvó al padre de Neil Walker. Siempre que recuerdo el desventurado accidente evoco los versos de Miguel Hernández a Ramón Sijé: “Quiero minar la tierra hasta encontrarte/y besarte la noble calavera/y desamordazarte y regresarte”. ¿Por qué? Porque Manny Sanguillén, el receptor de los Piratas y gran amigo de Roberto, en un esfuerzo desesperado se arrojó sin fortuna al mar en busca del cuerpo de Clemente. Jamás encontraron los restos mortales del astro de Puerto Rico, un jugador completo que ganó cuatro veces el campeonato de bateo. Además Clemente dio el título a los Piratas en la Serie Mundial de 1971 contra los Orioles de Baltimore. Los Piratas protagonizaron una remontada histórica para ganar la serie después de haber perdido los dos primeros juegos en Baltimore. Y Roberto Clemente fue el Jugador Más Valioso. Acaso las dos notas distintivas, dentro y fuera de los estadios, del tremendo pelotero hayan sido la generosidad y la elegancia. Al desaparecer había cumplido de manera exacta la cifra de los tres mil imparables. Era, para decirlo sin tapujos, un caballero del deporte, un ser excepcional. Por eso cuando Tom Walker encendió el televisor y se enteró de la muerte de su amigo dos gruesos lagrimones anegaron su rostro. Y recordó aquellas palabras: “mejor quédate en tu casa para que disfrutes la llegada del año nuevo”.  

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