Sobre héroes y hazañas

Paul Blair: la sonrisa inmortal

“Me siento raro”, dijo Paul Blair al timonel Hank Bauer un poco antes del tercer juego de la Serie Mundial de 1966 contra los Dodgers.

Los Orioles aventajaban dos juegos a cero a su rival y regresaban al Memorial Stadium de Baltimore. “Tienes que jugar”, le respondió Bauer al moreno. Es curioso que la misma frase haya expresado Blair antes del colapso mortal que sufrió tras la práctica del boliche: “Me siento raro”, presentimiento del fin y premonición de la gloria en aquella serie contra el trabuco donde jugó por última vez el zurdo de oro Sandy Koufax. Fue Blair quien decidió el partido al batear una raya salvaje de cuadrangular que cumplió 430 pies de trayectoria.

Bien decía Miguel de Unamuno que cuando uno afirma “me desconozco” en realidad es que uno “empieza a conocerse mejor”. “Me desconozco” es una expresión simétrica de “me siento raro”. Y fue la frase postrera de una leyenda de la -escuadra oropéndola de la década de los sesenta con remate exitoso en la conquista de la Serie Mundial de 1970 contra los Rojos de Cincinnati. Paul Blair: ocho veces ganador del Guante de Oro y protagonista de un descomunal porcentaje de bateo (.474) en la ya mencionada serie de 1970 contra la “gran maquinaria roja”. Cuando Blair impactó la esférica contra el serpentinero Claude Osteen en aquel memorable y heroico tercer juego de la disputa mundial contra los Dodgers (ganado por una a cero) dibujó una sonrisa franca y luminosa, aquella misma sonrisa del pájaro negro estampado en la gorra del guardabosques central de Baltimore.

Era la sonrisa de quien, por fin, no se sentía raro, de quien se sentía dueño de un pedazo de inmortalidad deportiva. El carismático Paul Blair y su magnético guante áureo jugó 17 temporadas en la gran carpa, 13 de ellas con sus amados Orioles de Baltimore. Por eso cuando se desplomó víctima del colapso dijo: “Me siento raro”, pero pensó: “Me siento bien, me siento campeón del mundo”.

gilbertoprado@hotmail.com