Sobre héroes y hazañas

Nadia Comaneci: la perfección evocada

Nadia Comaneci se dirige al mercado en Norman, Oklahoma, escoge la fruta y enseguida elige las verduras. Luego regresa a casa. Bart Conner, su esposo, un ex gimnasta que conquistó dos medallas doradas en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (1984), regresará en pocos minutos y comerán juntos mientras, con las manos enlazadas como adolescentes, encienden el televisor para ver un documental histórico. Nadia observa el ajetreo, en el patio de atrás, de su hijo Dylan Paul. Y entonces recuerda los durísimos entrenamientos a que fue sometida por Bela Karolyi. Ahora es una mujer madura, guapa, con una sonrisa que evidencia una libertad tantas veces anhelada, apetecida. Su mente viaja hacia Rumania, su país tan entrañable y tan desentrañado. Bela Karolyi la observa haciendo piruetas en el gimnasio. Nadia entrena como posesa. Su objetivo es la Olimpiada de Montreal (1976). Ya ha conquistado varios torneos preliminares y ahora orienta todo su empeño y entereza, toda su armónica agilidad en busca de la conquista de Montreal. Ha llegado a la ciudad sede y es observada con admiración y recelo a un tiempo. Después de una actuación irreprochable, Nadia se mira en las barras asimétricas. El contador que califica no tiene el 10. Así lo recuerda: “dijeron que era un uno punto cero cero o un cien, lo cual no significa nada”, pero la perfección es posible en la gimnasia y, por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos, una gimnasta obtiene el 10, redondo, la perfección encarna en una jovencita sonriente, dichosa y desenfadada que agradece el aplauso del público enamorado de la nueva reina del deporte mundial, la reina de Montreal, La niña del 10 inmaculado. Nadia y Bart vuelven la mirada hacia el televisor. En el documental se aborda el tema de la represión en los países comunistas del Este, justo en la década en que Nadia (nadie como Nadia impera la disimilación vocálica en español) subyugó al mundo con su irrepetible encanto y con la hechizante belleza de sus movimientos: el oro verdadero de la gracia y del talento impares.

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