Sobre héroes y hazañas

Messi y Cristiano: el llanto de los inmortales

Es cierto que, aguijados por la competencia encarnizada, los dos más brillantes jugadores del futbol profesional en el mundo —Lionel Messi y Cristiano Ronaldo— han discurrido por caminos distintos y, si me apuran, casi enemigos, pero una extraña coincidencia ha aproximado a los dos astros: el llanto de la desgracia real y aún duradera para Messi y  de la desventura pasajera para el portugués. Como sabemos, Messi fracasó en la final de la Copa América en el crepúsculo de junio al errar un penal. Después del yerro y con la cara frente al césped Messi lloró su dolorosa circunstancia. En la otra orilla, en la final de la Eurocopa, el ariete del Real Madrid tuvo que salir cuando apenas cursaba 25 minutos de la justa. Entonces el mundo entero vio llorar al otrora imperturbable delantero. En un arco temporal de quince días vimos cómo los habitualmente alegres Messi y Cristiano rompían en llanto, inconsolables. Cristiano jamás pensó que esas lágrimas habrían de trocarse en felicidad químicamente pura al terminar el partido. La pregunta es: ¿por qué los llantos de estos genios del futbol causaron tanta tristeza, tanta desesperación, tanto pesar y desasosiego? La respuesta tiene que ver con el aluvión mediático, pero también con la sencilla razón de que ambos futbolistas, semana tras semana, son los fabricantes de la risa y de la felicidad de miles y miles de aficionados, el séquito creciente de sus admiradores. De modo que, acostumbrados a hacer reír a medio mundo, expertos en fraguar la felicidad de los mortales, en un santiamén cayeron en la desgracia acaso más grande de sus fulgurantes carreras. Messi todavía no enjuga su llanto. Ha dicho que se va para siempre de la selección albiceleste, pero los analistas y quienes conocen las veleidades del corazón humano pronostican el regreso. Pero vuelvo al inicio. Yo sé que a Cristiano le dolió el llanto de Messi y sé también, se los lo juro, que a Messi le dolieron las lágrimas de Cristiano Ronaldo.  

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