Sobre héroes y hazañas

Liguilla a la vista: Los sobresaltos de la taquicardia

Hace algunos meses publiqué, en este mismo espacio, un artículo intitulado “El fiasco de la Liguilla”. Y me refería, por supuesto, a ese mini torneo que culmina las escaramuzas de cada temporada en el futbol mexicano. No crea mi lector que me retracto ahora, pero es saludable una ponderación que contraste el negocio de quienes inventaron este ardid competitivo con, por ejemplo, el ultra-mega fiasco de la mal apodada Pelea del Siglo. No obedece mi muda de opinión al milagro del Santos Laguna (equipo que, a pesar de una lamentable temporada, habrá de plantar cara contra nadie menos que los Tigres, el flamante líder de la tabla general). Es preciso, sin embargo, agradecer lo ocurrido el sábado en Torreón y en el estadio Azul al mismo tiempo: los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara dieron su mejor versión del torneo y, en el otro escenario, el Puebla confirmó su carácter bizarro (¡qué extraña palabra!) y libró una batalla valiente, frente a un Santos que, en teoría, quedaría fuera de la “fiesta grande” si no ganaba. La Liguilla me sigue pareciendo infamante, pero no para el aficionado sino, sobre todo, para quienes cosechan una friolera de puntos y son eliminados, de manera inopinada, en las primeras de cambio. Vaya pues: la maldición del súper líder. Y, porque le voy al Santos, ojalá vuelva a cumplirse el atropello. Reitero, sin embargo, que los sobresaltos de la taquicardia, esto es, lo ocurrido respecto del drama del descenso, esa emoción intensísima cuando la UdeG y el Puebla se jugaban la permanencia ha sido admirable y, creo yo, se debió a lo que aquí denomino las bondades de la sincronía, es decir, el beneficio de que los partidos se jueguen de manera simultánea. Mientras en España, a dos fechas de terminar la Liga, nadie en su sano juicio piensa que el equipo merengue habrá de alcanzar al Barcelona, en nuestras latitudes, los equipos que luchaban por prevalecer en la Liga se jugaron el pellejo hasta el ocaso de sus últimos cotejos, y no exagero. Esto es agradecible, aunque me siga cabreando la disparatada e irrisoria mini comedia apodada Liguilla.

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