Sobre héroes y hazañas

José Fernández in memoriam

Hay una letrilla del joven Góngora que dice: “Da bienes Fortuna/que no están escritos”, pero es posible hacer el cambio al signo negativo y la vida nos confirma que también: “Da males Fortuna/que no están escritos”. Me enteré de la trágica muerte del lanzador de los Marlines de Miami José Fernández por un tuit de mi amigo Alberto Guadarrama donde el comentarista deportivo lamentaba el accidente marítimo, el impacto de una lancha contra un malecón de piedras o rompeolas. José Fernández había llegado a Estados Unidos desde Cuba cuando tenía solo 15 años. Había, además, salvado a su madre de ser engullida por el mar en el tercer intento de deserción. Es irónico que Fernández haya muerto en las entrañas del mar y es, asimismo, absurdo, inexplicable. Era una de los más brillantes lanzadores de la Gran Carpa. Su futuro era inmenso, como apuntó Guadarrama. Fernández viajaba con unos amigos en esa malhadada embarcación. Siempre que alguien asaz talentoso pierde la vida por accidente uno interroga a Dios, al destino, a la Fortuna: ¿Por qué? ¿Por qué hay personas que trasponen las lindes de los noventa años sin aportar nada al mundo y, en la otra orilla, hay quienes son heridos por una desventurada mano invisible que les arrebata la vida en plenitud de facultades? No lo sé, nadie lo sabe. Descanse en paz José Fernández.   

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