Sobre héroes y hazañas

"Il sogno del maratoneta" Dorando Pietri

La historia de Dorando Pietri es, por decir lo menos, conmovedora. Este gran fondista italiano participó en la carrera de maratón, Olimpiada de 1908. Luego de su actuación apareció en Italia el libro acerca de su tragedia Il sogno del maratoneta. Dorando era enjuto, flaco y de melancólica mirada. Era la primera de las tres veces que Londres habría de ser sede olímpica: con énfasis puesto en julio de 2012.En aquella inolvidable carrera de maratón, Pietri fue ganando lugares poco a poco. Rebasó al norteamericano Hayes metros antes de entrar al estadio. Era la primera vez que la maratón se corría en lo que habría de ser la distancia reglamentaria: 42.195 kilómetros (la distancia que media entre aquel estadio y el castillo de Windsor). Aquejado por una creciente fatiga y una deshidratación indisimulada, Pietri, desfalleciente, entró al estadio, pero corrió en sentido inverso a la meta. Los jueces le ayudaron para recomponer el rumbo. Pietri cayó exhausto. Los jueces lo levantaron. El italiano corrió 350 metros en diez minutos. Cayó tres o cuatro veces más. Y tres o cuatro veces más fue levantado por periodistas y jueces. Uno de los ayudantes del heroico Dorando fue Arthur Conan Doyle. Sí, sí: el autor de Las aventuras de Sherlock Holmes. Pietri cruzó con el pecho el listón de la meta. Había ganado la carrera más difícil del atletismo, pero los norteamericanos expresaron su inconformidad y la decisión del primer lugar recayó en Hayes, el gringo que llegó después de Pietri. La reina Alejandra, como compensación por lo ocurrido otorgó una copa de oro al enorme Pietri, ganador moral de la carrera. Dorando Pietri se convirtió en una suerte de amuleto para abanderar numerosas carreras. Y moriría presa de un infarto. Tenía cincuenta y pocos años. En el lecho de muerte Dorando Pietri evocó los momentos finales y febriles de aquella carrera. Cuando dejó atrás a Hayes y, sobre todo, cuando equivocó el rumbo hacia una meta inexistente. Y luego la ayuda de periodistas, de jueces y de Conan Doyle. ¿Dónde está la meta? Y la respuesta del creador de Sherlock Holmes: “Al otro lado; elementary, my dear Pietri”. Era Londres, 1908. Y el mundo giró en el mismo sentido de siempre, pero Pietri atisbó la meta en un sentido errático. Sin embargo, los Juegos Olímpicos ya podrían presumir una carrera inimitable. Una distancia fija en la maratón y un atleta notable, carismático y casi loco: il sogno del maratoneta Dorando Pietri.

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