Sobre héroes y hazañas

Estampas de lo increíble

Ahora que pudimos ver la dramática final de los cien metros en el Mundial de atletismo de Pekín donde, una vez más, el jamaicano Usain Bolt conquistó el oro superando por una centésima al norteamericano Justin Gatlin evoqué momentos crispantes de, por lo menos, tres deportes: boxeo, futbol y beisbol. Me retuvieron tres estampas. El nocaut propinado por Julio César Chávez a Meldrick Taylor en su primer enfrentamiento (Las Vegas, 1990), el llamado milagro de Estambul en aquella memorable final de la UEFA Champions entre el Milán y el Liverpool y el cuadrangular de Bill Mazeroski que dio la victoria a Pittsburgh en la Serie Mundial de beisbol de 1960. Describo con laconismo las tres proezas.

El nocaut de Chávez sobre Taylor ocurrió segundos antes del final de una refriega que el mexicano llevaba perdida. Fue entonces cuando Julio, un guerrero de corazón incombustible, lanzó un derechazo fulminante para derrumbar a un rival que se levantó aturdido, zurumbático. Uno de los nocauts más impresionantes en la historia del boxeo profesional.

La segunda estampa ocurrió en 2005, en Estambul, y le dio al Liverpool su quinta Copa europea. Ni los más rendidos fanáticos de la escuadra liderada por Steven Gerrard imaginaban que en sólo siete minutos los ingleses fabricarían tres goles para empatar el partido y forzar los penales. Una hazaña sin parangón.

La tercera estampa pertenece al beisbol y los perdedores fueron los Yanquis de Nueva York. El gran ganador, hoy miembro del Salón de la Fama, fue Bill Mazeroski. Apodado Maz este segunda base era una aspiradora que ganó ocho veces el Guante de Oro, pero es conocido en la historia del beisbol por aquel maravilloso jonrón en el cierre de la novena entrada para desempatar el partido. Mazeroski, henchido de júbilo, corrió las colchonetas cambiándose de mano la gorra y alzando los brazos que dieron el estacazo decisivo. Fue llamado The greatest homerun ever. Un milagro.

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