Sobre héroes y hazañas

Emmanuel "Manno" Sanon vence al mítico Dino Zoff

Antes de cerrar sus ojos por última vez, en Orlando, Florida, Emmanuel Sanon volvió a ver a Philippe Vorbe en media cancha. Ve la figura de su compañero, el más fino mediocampista en la historia de Haití, le pide el balón y Vorbe filtra un pase perfecto a Sanon quien, agobiado por Luciano Spinosi, acelera la zancada y rebasa al recio defensa italiano. Spinosi, frustrado, jala de la camiseta a Sanon por la espalda. Emmanuel deja atrás al defensa y ensaya un magnífico regate al mejor portero del mundo, al imbatible Dino Zoff. Sanon empuja la pelota al fondo de la red y anota el gol más hermoso e importante en la historia de Haití. Sanon celebra con sus compañeros la anotación y los aficionados en Puerto Príncipe escuchan por la radio y ven por la televisión aquella hazaña increíble. Era el primer minuto del segundo tiempo entre Haití e Italia, 15 de junio de 1974. El primer juego de Haití en un Mundial. Emmanuel Sanon bate la marca de 1,143 minutos de Zoff y quebranta los casi cuatro años de la azzurri sin recibir gol. Sanon vuelve a Puerto Príncipe y se abraza de su madre con los ojos llorosos.

Emmanuel Sanon está considerado como el mejor deportista o atleta en la historia de Haití. En aquel mundial de 1974 convirtió otro gol contra Argentina. Aunque Haití perdió los tres juegos (el grupo era durísimo: Italia, Argentina y Polonia) su participación no pasó inadvertida gracias al golazo de Sanon. El comentarista de radio Herntz Phanord dijo: “puede que suene ingenuo, pero sigo sintiendo que Manno ganó aquel partido contra Italia”. Phanord vio ese juego en una sala de cine atestada de fanáticos, en Puerto Príncipe. Cuando las comitivas de Zaire y de Hiatí llegaron a Alemania fueron ignoradas por los medios. Era la primera vez que ambos países participaban en un Mundial. Recuerda Sanon que entonces pensó: “Por alguna razón estamos aquí. Vamos a hacer algo importante. Soy más veloz que los defensas italianos”. Y la proeza de proezas tuvo lugar en el estadio Olímpico de Múnich gracias a un seleccionado con figuras como Henry Francillon, Pierre Bayone, Ernst Jean Joseph, Jean-Claude Desier y Emmanuel Manno Sanon.

En febrero de 2008, en Orlando, Emmanuel Sanon cierra agradecido por última vez sus ojos.

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