Sobre héroes y hazañas

Emil y Dana Zatopek: el amor en tiempos olímpicos

Entre las historias de amor protagonizadas por los héroes del deporte mundial ninguna es depositaria de tanta belleza y ternura como la de Emil Zatopek y Dana Zátopková. Obedientes a la sentencia de Borges su vida tuvo dos hermosas coincidencias (“a la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”): nacieron el mismo día (19 de septiembre de 1922) y ganaron preseas áureas en la olimpiada de Helsinki con diferencia de menos de una hora: Emil la prueba de los 5 mil metros y Dana el lanzamiento de jabalina. En 1988, en Helsinki mismo, Emil narró la circunstancia: “Cuando daba la vuelta olímpica para celebrar que había ganado la prueba de los 5 mil metros Dana me vio, emocionada, y me gritó ‘maravilloso, maravilloso, has ganado: dame tu medalla, me dará suerte. Yo ganaré una al rato en el lanzamiento’”. Y así ocurrió. La relación entre ambos deportistas era fuerte y alentada por una reciprocidad espejeante: “Ella era mi inspiración y yo era su inspiración”, dijo el único mortal que ha obtenido en una Olimpiada el triplete de los 5 mil metros, 10 mil metros y la maratón: una proeza monumental, acaso inigualable.

Los torcedores de la vida llevaron al checo a ser condecorado en su país con el grado de coronel en un primer momento y, después, a ser habilitado como barrendero por haber apoyado la primavera de Praga en 1968. Irónicamente su esposa utiliza como palo de escoba la mítica jabalina con la que ganó el oro en Helsinki, y recuerda emocionada aquella justa: “Fue muy agradable y la atmósfera fantástica. Éramos jóvenes, teníamos unos 30 años, la edad ideal para un atleta, según se decía, y esperábamos con ansiedad lo que la vida aún nos depararía”. Emil Zatopek, la locomotora humana como se le apodaba, ya había ganado una medalla en los juegos de Londres (1948). En Helsinki la pareja conquistó cuatro preseas de oro: tres de Emil y una de Dana.

En el crepúsculo de noviembre del año 2000 un derrame cerebral puso fin a los días de uno de los principales fondistas que ha dado el deporte. Aún le sobrevive Dana Zátopková quien, nostálgica y reflexiva, evoca aquella época dorada: “Nuestro éxito fue resultado de un duro entrenamiento, pero considero que en el deporte mucho depende también de la suerte. Y en la Olimpiada de Helsinki ésta nos acompañó a los dos”.

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