Sobre héroes y hazañas

Brasil 2014: corte de caja

Al pie de los octavos de final podemos hacer una valoración múltiple respecto de lo sucedido en el Mundial de Futbol de Brasil 2014. La emergencia de lo sorpresivo es una de las notas características de un Mundial hermoso, tenso, brillante y pletórico de anotaciones. Las potencias europeas (salvo Alemania, Francia y Holanda) han sucumbido víctimas del clima, de la animadversión de los fanáticos o de propias y acentuadas carencias. Tres tristes tigres: España, Italia e Inglaterra. En contraste, las potencias americanas avanzan con paso sólido: Argentina, Brasil y Colombia. La sorpresa de sorpresas se llama Costa Rica. Y es sorpresa porque es la selección que ha llegado a una instancia mayor (cuartos de final contra Holanda) con un equipo modesto, pero enjundioso, pleno de limitaciones, pero aguerrido.

Colombia, con el imbatible Pekerman, enfrentará a un desangelado Brasil que estuvo a punto de morder el polvo frente a Chile. La tarea de Brasil se antoja hercúlea: la estrella del Mundial en la primera fase no fue Messi ni el orondo Cristiano Ronaldo, cuya selección fue eliminada a las primeras de cambio. La estrella en la primera fase y en el arranque de los octavos de final se llama James David Rodríguez Rubio. Un carismático volante ofensivo que brilla en el Mónaco y que marcó un gol impresionante ante Uruguay que podría haber sido firmado por Maradona, Pelé o Garrincha. Aquí me detengo.

Sobre la selección mexicana podemos decir que hizo más de lo que esperábamos (con el énfasis puesto en nosotros) y menos de lo que esperaban (las televisoras, la Federación y Miguel Herrera). El papel de México en el Mundial fue decoroso, pero intrascendente: aspiramos a la proeza del quinto partido y en cinco minutos la esperanza se desvaneció para siempre. En descargo subrayo el juegazo brindado ante los croatas (y me vanaglorio de haber estado presente en la Arena Pernambuco de Recife).

Sólo seis selecciones han ganado el Mundial cuando han sido anfitrionas. Brasil lo perdió en 1950 en el famoso “Maracanazo”. Ojalá que la selección de Neymar avance a la semifinal, pero el escollo es mayúsculo: enfrente estarán Pekerman y James Rodríguez.

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