Sobre héroes y hazañas

Apodos deportivos (segunda parte)

A veces los sobrenombres derivan de defectos físicos: en la historia del beisbol de Ligas Mayores sobresale Mordecai el Tres Dedos Brown: legendario lanzador de los Cachorros de Chicago quien, a pesar de que le faltaban dos dedos de la mano derecha, logró 26 victorias en 1906. Dos pulpos registra la historia del beisbol mexicano y extranjero: el Pulpo Remes, que jugó para los inolvidables Tigres del México (donde también brilló Manuel Estrellita Ponce), y el Pulpo Antonio Alfonseca, apagafuegos dominicano llamado así porque padece polidactilia o dedos supernumerarios: He has six fingers on both hands. En el extremo de la línea despersonificadora encontramos motes cosificantes, tal es el caso de, por ejemplo, William el Refrigerador Perry. En el futbol mexicano, en las actuales pumas, figura Daniel el Hachita Ludueña, mediocampista ofensivo que luce un corte de pelo raso y cuadriculado. Y cómo olvidar al portentoso fajador mexicano Rafael Bazooka Limón, también pupilo del Cuyo Hernández, quien protagonizó épicas refriegas con el carismático chicano Bobby Chacón.

Es posible combinar hipocorístico con apodos, motes o sobrenombres. Quizá el caso más patético y patente, en la historia del cine mexicano, haya sido la combinación Pepe el Toro. El efecto cómico es subversivo y agota las combinaciones del ridículo y también la retranca alburera: el Pajarito Cortés era muy educado: siempre se paraba para que los demás se sentaran.

También recordé a dos Morteros: Aravena y Alonso. Jorge Orlando Aravena Plaza era un elegante mediocampista chileno que poseía una zurda explosiva y que marcó memorables goles con el Puebla: yo le vi un impresionante trallazo en el Azteca contra el América. El Mortero Alonso, en cambio, fue un recio gladiador de los cuadriláteros nacido en Naucalpan y que plantó cara en el ring en la década de los setenta.

¿Se acuerdan de Amado Tarzán Palacios y del Mono Burgos?

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