Sobre héroes y hazañas

Alexander Karelin: 'El hombre más rudo del mundo'

Uno de los atletas más impresionantes en la historia del olimpismo es, sin duda, el oso siberiano Alexander Karelin, también apodado El hombre más rudo del mundo. Karelin ganó tres oros en sendos Juegos Olímpicos en lucha grecorromana que, como sabemos, se disputa en rondas de cinco minutos con el objetivo de lograr tres puntos. De no ser así, la lucha se prolonga tres minutos más.

En pocas ocasiones Karelin se fue a tiempo extra. Solía liquidar a sus adversarios con un súbito y poderoso movimiento llamado alzamiento inverso. Los rivales se iban de bruces a la lona y Karelin sonreía con ese rostro donde destaca el brillo gélido de una mirada casi inhumana en una cabeza de rapado casi al cero.

Karelin pesó la asombrosa cifra de 6.8 kilos al nacer y ahora ostenta una férrea maquinaria humana de 1.92 metros de estatura y 130 kilos. Quienes han sucumbido a los embates y envites del colosal luchador grecorromano le han apodado, entre otras lindezas, King Kong humano o el animal más fuerte del planeta.

Lo cierto es que la cadena de victorias de Alexander Karelin llegó a ser exasperante. Parecía que jamás sería vencido. A Matt Ghaffari, por ejemplo, lo venció en 21 ocasiones. La última vez fue en Atlanta en la disputa del oro olímpico. Ghaffari tenía a su favor dos circunstancias: el apoyo incondicional del público y la operación a la que fue sometido Karelin en el hombro algunos meses antes de la justa. A pesar de todo, Karelin sacó la victoria y subió por tercera vez al podio para recibir el oro.

Por increíble que parezca, el mastodonte humano es un hombre culto, escribe poesía y en sus ratos libres escucha música clásica (Bach, Chopin y Gershwin). La preparación íntegra del luchador comprende carreras sobre hielo en Novosibirsk, Siberia, remar, levantar leños y echarse a la chepa, esto es, a la espalda un refrigerador para subir ocho pisos.

Sobre este ropero de fuerza descomunal que combina un excepcional talento con la rudeza  de un entrenamiento espartano (aderezado con placentera lectura de Dostoievski) hemos de decir que la edad hizo mella en su físico.

En los Olímpicos de Sídney el norteamericano Rulon Gardner realizó la proeza de batir a Karelin con diferencia de solo un punto. El invencible oso siberiano sufrió su única derrota con estoicismo y resignación impares. Rulon saltó exultante. El mito había sido quebrantado. La fila de victorias sin mácula había sido interrumpida y Karelin optó por el retiro.

En 1997 había derrotado a Gardner, pero la erosión del tiempo pasó factura en Sídney. Ahora, picándose de político, el hombre más rudo del mundo vive retirado en Siberia, agradecido con la vida por haberle dotado de un físico excepcional y de una catadura capaz de espantar al más pintado.

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