Desde el vestidor

El manoseo en la selección

La llegada del portero de Pumas, Alejandro Pikolín Palacios, a la selección nacional, se podría interpretar como una muestra más de la forma como se malbaratan las convocatorias, una práctica que no solo es parte del estratega colombiano, Juan Carlos Osorio, sino de todos los técnicos que han pasado por el Tricolor en los últimos 23 años.

A sus 34 años, el guardameta de Pumas recibe su primera oportunidad en más de una década como futbolista profesional, generando todo tipo de reacciones, desde aquellas que consideran justa la convocatoria para el duelo amistoso ante Senegal, y las más estrictas que advierten que simplemente su arribo al Tricolor es para llenar un listado.

Las razones para convocar a Palacios, a un guardameta que jamás ha sido un fenómeno en las canchas de la Liga MX, sino todo lo contrario, sólo responde a la necesidad de armar un plantel molero para un compromiso de las mismas características, y quizás después del regreso de Miami, difícilmente el universitario lo volveremos a ver en el CAR con la selección.

Todo hace pensar que Palacios va al Tricolor de relleno y como un acompañante más para que el otro portero, Jesús Corona (campeón olímpico), tenga con quien entrenar en esta mini-concentración del seleccionado mexicano, mientras que el universitario vive su sueño, su momento, el problema será cuando despierte y tenga que volver a su realidad.

Juan Carlos Osorio tiene un verso lleno de estadísticas y reflexiones futbolísticas para explicar sus acciones que (por ahora) tienen a muchos atentos, pero también con el paso del tiempo corre el riesgo de terminar aburriendo y desgastando su naciente etapa como técnico del Tricolor.

El colombiano suele poner sobre la mesa sus teorías para dirigir, sus científicos argumentos para hacerse sentir como un ente diferente y casi único entre el resto de los entrenadores que han pasado en los últimos años en el banco del equipo mexicano, pero también debe aprender pronto cómo se manejan en nuestro país, las cosas en un negocio-deporte como el futbol.

Sin duda, son respetables cada una de las teorías que tiene el sudamericano, pero también sería importante que vaya midiendo cómo se maneja, porque con sus profundas reflexiones para conformar un equipo, en muchas ocasiones deja la impresión de que está vendiendo humo, y nos hace regresar a los momentos en los que se tuvo a Sven-Göran Eriksson por estas tierras.

Tiempo al tiempo. Ese parece ser el mejor argumento para esperar que en verdad Osorio no termine antes de lo planeado su contrato con la Federación Mexicana de Futbol, porque de lo contrario, los dirigentes se darán a la casi habitual costumbre de buscar ese reemplazo que venga a corregir las cosas, antes de que se ponga en riesgo el arribo a la Copa del Mundo de Rusia 2018.

Porque ni su nuevo convocado Alejandro Palacios –quien se advierte, es su vecino en los mismos edificios en la zona de Santa Fe– lo podrá salvar de marcharse sin la misión cumplida de llevar al futbol mexicano a su séptimo Mundial de forma consecutiva desde Estados Unidos 1994.


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