Desde el vestidor

Del llano en busca de la gloria a Portugal

A tierras portuguesas llegaron doce mexicanos, desembarcaron en las playas de Espinho, Oporto, para participar en la Copa del Mundo de Futbol de Playa 2015; se marcharon hace una semana abrazados y solamente con los buenos deseos de sus más cercanos familiares, para ellos, ya son unos ganadores.

Se trata de una docena de futbolistas que desde sus respectivas trincheras buscaron tener una carrera en la élite del balompié nacional, pero que no todos, por no decir que la mayoría, sólo alcanzaron a oler la Primera División o hacer huesos viejos en el Ascenso, de algunos, su máximo logró: unos cuantos años en la Segunda División.

Estos hombres se ganan la vida en el futbol, pero del llano, cobrando de mil 500 a 2 mil pesos por partido, llegando a disputar de tres a cuatro a la semana para mantener a sus familias, al tiempo que buscan un empleo alterno a las llamadas “talachas”, pero eso sí, siempre orgullosos de portar la playera de la selección nacional.

Varios de ellos, además de alquilarse con equipos de la Central de Abasto o pueblos cercanos al Distrito Federal, también “chambean” como meseros, cocineros en una marisquería, repartiendo gas estacionario y si bien les va, contratados por algún colegio o universidad privados para que dirijan a sus respectivos equipos de futbol.

Para ellos, todos esos retos que viven a diario para subsistir, no se comparan con acudir a una Copa del Mundo, saben los dirigidos por el técnico Ramón Raya que una destacada actuación les permitiría regresar de Portugal mejor cotizados al llano.

Miguel Estrada, Francisco Cati, José Carlos El Capi Hernández, Abdiel El Dormido Villa, Manuel Corona, David Rodríguez, Adrián González, César Pichardo, Ramón Maldonado, Jair Alemán, Saúl Ramírez y Gerardo Gómez, quieren demostrar que pese a la escasa actividad que tienen en la arena, pueden dar batalla a los mejores del orbe del futbol playero.

Este tricolor es el último eslabón de todos los representativos mexicanos con actividad en este verano que ha resultado frustrante con los sonados fracasos de la Sub 20, Femenil y Mayor en la Copa América, en quienes los dirigentes tenían sembradas las esperanzas de gloria para seguir presumiendo que trabajan casi rayando la perfección.

A diferencia de los otros equipos, este de playa también recibe apoyos, pero no la misma atención o proyección que el resto de los representativos mexicanos, está conformado por tipos con sed de revancha y no con nadie en especial, sino con ellos mismos, ya que sienten que en sus diferentes etapas dentro del profesionalismo, dejaron escapar oportunidades.

Los playeros buscarán, contra todos los pronósticos, atraer un poco de los reflectores que siguen al Tricolor comandado por Miguel Herrera en la Copa Oro. Están acostumbrados trabajar en silencio, sumergidos en el anonimato, pero dispuestos a dejar de ser un simple complemento en los proyectos federativos.

Urge tener una estructura de futbol playero y comenzar aunque sea una Liga semiprofesional, para contar con jugadores más preparados y completos en esta especialidad, pues hace ocho años en el Mundial de Río de Janeiro, con un golpe de fortuna se llegó a la Final, misma que se perdió ante Brasil, pero demostrando que se podía competir.

Sin embargo, parece que todos los intentos o propuestas que pudiera presentar el mismo Ramón Raya carecen de un respaldo más contundente para ser un equipo realmente competitivo.

En este cuarto Mundial para México, el Tricolor de playa debutará el 10 de julio ante Brasil, posteriormente frente a España y cierra fase de grupos con Irán, en el llamado sector de la muerte. 

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