Desde el vestidor

Somos injustos con Guardado

¿Cobrar el tiro penal ante Panamá puso en un dilema a Andrés Guardado?, ¿en verdad el capitán de la selección nacional consideró por un momento echar a un costado la pelota, ante la injusticia que se estaba cometiendo con los panameños?

Estas son sólo dos de las muchas preguntas sin respuesta desde el pasado miércoles, cuando el Tricolor, con los errores del árbitro estadunidense Mark Geiger, clasificó a la Final de la Copa Oro 2015, dejando mal parada no sólo a la tan pisoteada reputación de la Concacaf, sino al prestigio y credibilidad del balompié mexicano.

Desde especialistas hasta aficionados creen que Guardado se olvidó del Fair Play y de la ética deportiva, pues piensan que debió haber actuado con mayor honestidad ante los yerros de Geiger, y de acuerdo con sus conceptos de caballerosidad, lo ideal era renunciar al penal que se marcó por una supuesta mano dentro del área.

Andrés -como quizá la mayoría de los jugadores que estaban dentro de la cancha en Atlanta- vivían momentos de incertidumbre, pero también estaban conscientes de que antes de pensar en justicia o injusticia, era prioridad el futuro de sus respectivos equipos en esta fase del torneo del área.

Todo estaba descompuesto en el estadio Georgia Dome de Atlanta, nadie terminaba de entender qué sucedía, y es justo en esos instantes donde alguien debía tener la frialdad y conciencia en un punto de equilibrio para pensar sin el corazón en la mano que antes de los sentimientos era necesario poner por encima de cualquier situación los intereses de un grupo.

Es cuando surge la figura de líder de Andrés Guardado, quien con la duda entre sus manos, pero sin la posibilidad de contar con la repetición de la polémica decisión arbitral, se tuvo que armar de valor y demostrar que su peso dentro del equipo que comanda Miguel Herrera, lo obligaba a disparar y ejecutar al enemigo ante la complacencia de la autoridad.

El Principito simplemente hizo valer su jerarquía para sacar a flote la descompuesta participación de México en la Copa Oro, pese a las voces que demandaban otro comportamiento, y de inmediato lo sentenciaron como un tipo que se olvidó de la ética, nadie repara en los pensamientos del mismo jugador.

Con este punto de vista no se trata de enarbolar las trampas o las injusticias en el deporte, pero algo que no podemos olvidar es que se trata de una competencia profesional, el futbolista está preparado para ganar y es precisamente este aspecto sicológico que respaldó la actitud de Guardado.

Los mexicanos eran los menos culpables de los errores de Geiger, quien cargará por muchos años con esta cruz, pero tampoco nos podemos desgarrar y creer que el Tricolor está en la Final de la Copa Oro con trampas, es muy fácil señalar, pero es más complicado demostrar que hubo una orden para poner a México en dicha instancia.

Tampoco es que nos pongamos una postura de salvador de la patria o de limpiar la cara a otros, esa no es mi labor, mucho menos mi estilo, pero no debemos olvidar la presión que carga el deportista profesional, porque Guardado al igual que muchos otros futbolistas en competencias de élite deben responder por los intereses deportivos de un grupo.

El jugador del PSV de Holanda si algo le ha caracterizado a lo largo de su carrera es la honestidad y compromiso con los grupos o clubes donde participa, como ejemplo está su etapa en la Segunda División de España con el Deportivo La Coruña, pues pese a tener ofertas para seguir en la Primera División, él prefirió buscar el ascenso del equipo que lo llevó al futbol europeo.