Desde el vestidor

Un despertar amargo

Muchos podrían ser los cuestionamientos y aún más las críticas a la desastrosa presentación de la selección nacional de futbol de playa en la Copa del Mundo Portugal 2015, tras su estrepitosa caída 5-1 ante una de las potencias en esta especialidad como es Brasil.

Pero sería prudente antes de descuartizar con todo tipo de opiniones a esta docena de jugadores y hasta al mismo entrenador, Ramón Raya, detenernos a profundizar sobre la realidad bajo la cual se construyó o se busca dar forma a un representativo mexicano de futbol playero, porque se llega a este tipo de torneo con un nulo fogueo.

Estamos hablando que este deporte sigue en ciernes en una nación con más de diez mil kilómetros de litoral, pero con apenas una veintena de jugadores que, más que una técnica depurada o una experiencia de hierro, tienen puro corazón y garra, herramientas que en estos niveles son insuficientes para salir a dar batalla a naciones con un vasto recorrido.

Los mexicanos han marcado un terreno importante en el área de la Concacaf, y aunque hace cerca de diez años dieron un golpe al llegar a la Final en Río de Janeiro, en las entrañas del seleccionado se piensa desde entonces que se trató de un golpe de suerte que difícilmente se volverá a dar.

Nadie puede echar por la borda la labor encomiable de un hombre como Ramón Raya, quien se ha encargado de labrar la tierra o mejor dicho la arena para hacer crecer este deporte en nuestro país, pero ha faltado una mayor credibilidad a lo hecho, y esto va más allá de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) la tarea es de los clubes o la Liga MX.

Aquí sería trascendental que se creara una Liga o campeonato, porque si algo nos sobra a los mexicanos son playas, pero lo que nos falta es ser más ambiciosos y apostar por nuevos productos, y no es hablar solo en defensa de quienes ahora están en la Costa Verde sino por todos los deportistas que llegan a este tipo de competencias con flechas, mientras otros traen todo un arsenal.

El Tricolor junto con Argentina son los únicos seleccionados de los 16 participantes que sus jugadores no compiten a niveles de clubes, mientras que el resto en su mayoría, no sólo cuentan con torneos locales, sino que se dan el lujo de exportar a otros países donde el balompié playero es tomado con seriedad.

Los nuestros siguen siendo un puñado de futbolistas que llegan con la improvisación como su escudo y con un mar de dudas para hacer frente a los exigentes momentos de un Mundial de Futbol, donde los escalofríos de estar a estos niveles les terminan pasando la factura, por esa inexperiencia.

Aparte, estos guerreros de la arena se tienen que desentender por un par de meses de sus respectivos trabajos y hasta de jugar en el futbol llanero, donde generan la mayor parte de sus ingresos para portar la playera de la selección nacional, porque al no existir una Liga de paga tienen que buscar ganarse la vida de diferentes formas.

Pase lo que pase en este Mundial de Portugal con el Tricolor playero, sería importante que la Liga MX también tomara la iniciativa de crear los caminos adecuados para generar o captar el interés de inversionistas para sumar esta disciplina al resto de los proyectos que tienen año con año alternos a la Primera División.

El futbol de playa también debe tener una atención más profunda; así como la Liga MX crea tornos Sub-17, Sub-20 y de categorías menores como parte de la industria del balompié, se debe invertir y dar la importancia a este elemento que mas que estorbar o sobrar, les ayudaría tener nuevos cliente cautivos.

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