Desde el vestidor

Reciclar o abrirse a técnicos nuevos

Clubes como Santos, León, Pachuca, Guadalajara y en su momento Xolos de Tijuana han dado ese paso que hasta hace unos años atrás parecía cerrado o imposible, traer estrategas con nuevas ideas, conceptos, formas y estilo de trabajar en busca de ese crecimiento que se pretende de la Liga MX.

Los laguneros lo hicieron en un principio en 2011 con Diego Cocca, una apuesta que duró solo 11 partidos, pero en su afán por encontrar ese camino que los llevara al éxito, y no solo con la obtención de títulos, sino con un trabajo integral en todos los sentidos, trajeron al portugués Pedro Caixhina, quien logró tres trofeos.

El europeo, a quien desde su llegada se le calificó como un DT que venía a "vender espejitos" y que se marchó luego de conquistar la Copa MX, el título del Clausura 2015 y el Campeón de Campeones, dejó una estructura que ahora le corresponde al español Pako Ayestarán hacer crecer más o consolidarla.

Los tijuanenses abrieron el mercado al venezolano César Farías, quien apenas estuvo ocho meses; su proyecto en principio se adaptaba al que tenía en su mente la dirigencia encabezada por Jorgealberto Hank Inzunza y bajo la asesoría de Ignacio Palaou, y hoy es día que en casa de Xolos se siguen arrepintiendo de no haber tenido más paciencia.

Allá en la frontera bajacaliforniana se tiene la firme convicción de crear una identidad propia, no solo en aspectos comerciales o con la compra venta de jugadores, sino dotando a sus estrategas de todas las herramientas humanas y tecnológicas para marcar la pauta en el balompié nacional.

Nos detenemos un poco en el tema de este equipo, pues nos encontramos con la desagradable sorpresa en su última experiencia con el técnico Rubén Omar Romano, a quien cesaron tras perder con América, que si algo le hace falta es una mayor capacitación y renovación a los estrategas arraigados en nuestro país.

La dirigencia tijuanense puso sobre la mesa las herramientas, pero éstas lastimosamente no fueron debidamente, según algunas fuentes consultadas, utilizadas por el anterior cuerpo técnico, ya que se cerraron a sus viejas y ya no funcionales formas de trabajar, echando por la borda todo el proyecto creado en junio pasado en el Régimen de Transferencias.

En su caso, entidades como León y Pachuca con Juan Antonio Pizzi y Diego Alonso, en ese orden, han preferido dar ese giro a las antiguas fórmulas de reciclar a los técnicos ya sembrados y que se han ido rezagando respecto a las teorías que podrían marcar la pauta a nivel mundial, respecto a cómo se debe trabajar el futbol moderno.

Los riesgos pueden ser muchos, pero quizá es una urgente necesidad abrirse a nuevas mecánicas de trabajo, donde no baste con sentarse a solo ver por televisión las competencias internacionales, o comenzar a certificar las actualizaciones de estrategas que busquen empleo en la Liga MX.

Por las ambiciones con las cuales se pretende hacer crecer al campeonato mexicano, no se deben fijar si es viejo o joven el aspirante a director técnico de un equipo, sino a la capacitación que suela tener, y los cursos que puedan tener para un mejor desarrollo de los clubes en todos los aspectos.

Reciclar técnicos debe ser una costumbre a desaparecer y tratar de caminar bajo otras fórmulas, encontrar esos proyectos que en verdad contribuyan para que el futbol mexicano pueda crecer al parejo y con toda la intención de codearse con las mejores del mundo, como se ha pretendido desde la creación de la Liga MX.

De paso también debe existir una estabilidad financiera para no pasar los contratiempos que han marcado, la historia reciente de clubes como Jaguares de Chiapas que viven constantemente con la incertidumbre de si tendrán la liquidez para solventar los pagos mensuales a los jugadores y el cuerpo técnico.


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