Columna invitada

David Patiño y el alivio necesario

En el partido de ida de la final por el campeonato de Liga 1990-1991, disputado en el estadio Azteca, los Pumas se pusieron en ventaja sobre el América apenas rebasado el primer minuto de juego mediante una magistral volea de Luis García.

A pesar de verse sorprendidos por aquel gol tempranero, los americanistas se sobrepusieron marcando tres goles en los siguientes dieciocho minutos. La esperanza unamita parecía haberse apagado antes del minuto 20’. Perdían 3-1.

El panorama era desalentador para los auriazules, pero el descanso resultó muy oportuno, pues se convirtió en una suerte de armisticio reglamentario que paró la metralla americanista sobre su portería.

Al primer minuto del segundo tiempo, el habilidoso ‘9’ de los Pumas, David Patiño, se desmarcó hacia atrás de la línea de defensores americanistas. Recibió con la parte interna del pie derecho y cuando parecía que iba a tirar a portería no lo hizo, dio un toque más que dejó inerte a su marcador y sacó un riflazo que se anidó cerca del ángulo izquierdo del arco azulcrema.

Ese soberbio golazo de Patiño no trajo consigo la igualada, pero fue el que puso a Pumas en la antesala del campeonato que el sábado siguiente conquistarían en casa.

Cuando la mayoría de los aficionados piensa en la obtención de aquel título, le viene a la mente el famoso gol del Tuca. Sin demeritar la valía ni la factura de éste, sigo creyendo que el auténtico gol del campeonato fue el que marcó Patiño cuando el desconcierto imperaba, el ánimo languidecía, el rumbo parecía perderse.

Aquel gol evidencia que Patiño sabe responder en momentos críticos. Ahora tiene la encomienda de ayudar a Pumas a salir de su crisis actual, ya no sobre el pasto, sino desde la banca, en su nueva condición de director técnico. Así como en la cancha echó mano de su talento con el balón, ahora tendrá que valerse de su conocimiento de la institución, su bagaje táctico y su ascendiente sobre los jóvenes canteranos.

No puedo olvidar la imagen que hace veintiséis años siguió inmediatamente a aquella anotación: la de su festejo. Lejos de correr y saltar inundado de euforia, David relajó los hombros, soltó los brazos y caminó apaciblemente a recibir el abrazo de sus compañeros, en señal de alivio. Un alivio que en aquel momento trajo la tranquilidad necesaria para recuperar la brújula y empezar a poner los cimientos de la gloria futura. Un alivio justo como el que Pumas necesita ahora.

Twitter@TurcoFaridMx