Contra las cuerdas

La triste historia de un 'chacal'

El ex olímpico cubano Guillermo Rigondeaux tiene la idea que gobierna a los pesos supergallos, pero el haber regresado de Europa sin la pelea que proyectaba para este fin de semana demuestra que hasta ahora no gobierna ni su vida.

Luego de una prolífica carrera amateur, la suerte se le agotó a Rigondeaux desde que buscó brincar al profesionalismo.

Primero intentó desertar en 2007, y terminó siendo suspendido de por vida del equipo cubano. Dos años después, huyó de la Isla, pero su suerte no tuvo el efecto deseado, pues en lugar de subir como la espuma, se quedó en el limbo.

Un estilo atascado de florituras, lejos de ser emocionantes, sumado a representantes obsoletos llevaron a Rigondeaux a una zona en donde a pesar de ser considerado uno de los mejores, no hay televisora que le ofrezca espacios y tampoco existen rivales que se animen a poner en riesgo sus nombres a cambio de muy poco dinero y aún menor exposición.

La impotencia está sumando millas con Rigondeaux, quien ahora se tuvo que regresar de Europa con las manos vacías a pesar de que estaba programado para pelear en Inglaterra. Un error en las fórmulas para pedir la visa inglesa lo dejó parado acumulando inactividad.

Rigo hizo bien en defender su estilo y asegurar que no cambiaría su forma de pelear para beneficio de las televisoras y sus rivales pero, ¿qué hay de los efectos secundarios de esa decisión?

El cubano ya tiene 35 años, y si no hace los cambios necesarios ahora terminará como aquel peleador que pudo haber sido y no fue.

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