Contra las cuerdas

Que me regresen al viejo Manny

Lo siento, pero si el Manny Pacquiao que subirá este sábado al ring no es la versión del peleador que venció a Miguel Cotto, Antonio Margarito o Érik Morales prefiero verlo en el retiro.

Pacquiao es una montaña rusa de cambios deportivos y ya no quiero ver más, pues en lugar de emocionar, poco a poco pierde la atención de los que por años presenciamos una tras otras sus mejores batallas.

PacMan empezó como un gato salvaje que tiraba enloquecido y sobrecargaba a sus rivales nulificándolos. Evolucionó a algo mucho más estético, en donde usando los golpes en ángulos invisibles para el rival, demolía a sus adversarios para terminar como una mezcla extraña del boxeador de gran movilidad, pero sin esa desesperación por conseguir un nocaut, combinada con el aumento de peso y disminución de poder.

A la par de que las prioridades de Manny Pacquiao cambiaron -del boxeo por la política-, sus números fueron decreciendo hasta llegar a no más de 300 mil Pagos Por Evento, un número bajísimo en comparación al resto de sus otros compromisos.

El desconocido australiano Jeff Horn es la oportunidad perfecta de Manny Pacquiao para al menos romper una racha de ochos años sin nocauts y congraciarse con los fanáticos... pero si el resultado resulta adverso, aunque son pocas las posibilidades de que cuelgue los guantes, no estaría de más pensar en poner fin a una carrera que parece que está demás, ahora que ya no bromea con la posibilidad de ir por la presidencia de Filipinas.

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