Contra las cuerdas

Eterno fanfarrón

¡Que alguien le dé a Floyd Mayweather algo con qué entretenerse, le urge!

Ahora en el retiro y con todo el tiempo del mundo para hacer lo que quiera ha aprovechado para abrir la boca -para mi gusto, de más- en busca de jalar reflectores, pero alguien debería de ponerle un límite a ese hombre que ha llevado a un extremo irreal ese papel de “higadito”.

Su ciego mundo lleno de lujos, dinero y excentricidades le permite echarse esas declaraciones como la que hizo del movimiento #MeToo (yo también), en contra del acoso sexual que comenzó la actriz Alyssa Milano, en la que hizo el desafortunado comentario: “Me, que? Para mí, “Yo también” es lo que respondes cuando alguien dice “Yo tengo un Rolls Royce”, y contestas “Yo también”.

Sí, así de insensible.

Quiero creer que únicamente hablaron sus ganas de afirmarse como un gran fanfarrón, pero ¿vale la pena cuando está en juego la oportunidad de convertirse en voz y exponenciar su imagen como lo hicieron otros que trascendieron en el deporte?

En cuanto escuché a Floyd, me vino a la mente una frase de Muhammad Ali, que más o menos decía que a él no le gustaba del todo el boxeo, pero quería ser escuchado y en este deporte solo escuchan a los campeones. ¿Por qué no se puede inspirar en un verdadero TBE?

Desde siempre Mayweather se ha negado a mezclarse con movimientos así, primero dejando de lado la oportunidad de hablar sobre el movimiento de Colin Kaepernick, en la NFL, el cual en su momento desató una ola de reacciones en torno al deporte norteamericano, y ahora lo de “Mee too”.

Me queda claro que el boxeo ha cambiado y las figuras que poco a poco han quedado en el retiro raras veces se comprometen con alguna razón social, olvidando por completo que al ser una figura pública el compromiso con la sociedad viene de la mano, pero al parecer muchos no lo entienden.   

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