Contra las cuerdas

Las bondades de la paciencia

Cuando uno es joven aspira a, dicho en lenguaje boxístico, terminar todo con locazo y enfocarse en lo que sigue. Al boxeo moderno le entró la moda en la que chicos con no más de 10 peleas, que tienen buen futuro, pueden acceder con facilidad a títulos mundiales y si son ex olímpicos, mejor. A pesar de esa tendencia aún hay púgiles old fashion, como Óscar Valdez, y eso hay que agradecerlo.

Usualmente, los peleadores que arrancan rápido terminan extinguiéndose cuando se dan un tope con la experiencia y eso pasa más temprano que tarde. Éstos contrastan con aquellos que optaron por el camino largo, que a pesar de sentirse listos para ir por un cetro mundial prefieren hacer de su camino algo mucho más estructurado y sumar experiencia, incluso hasta tener un plan para casos difíciles.

Esa es la historia de Valdez, quien pese a sus dos ciclos olímpicos, siguió al pie de la letra el camino que le trazó su mánager y tras 21 peleas va por su segunda defensa de título del mundo.

Pero ese camino no es tan sencillo como parece, tuvo que presenciar cómo su rival de sus tiempos de amateur, Vasyl Lomachenko, se coronó con tan solo tres peleas profesionales.

Ahora, Óscar entiende que hizo bien y mañana llega con la seguridad que da el trabajo para hacer de su reinado algo sólido y no algo fugaz.

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