Llamen a los vecinos

Noche histórica en el Azteca

Al momento de escribir estas líneas el estadio Azteca luce vacío. Solo están aquí los que verdaderamente tenemos que estar aquí, el personal de la organización del partido, de los medios de comunicación, de seguridad y de las concesiones. Faltan 5 horas para que se abran las puertas al público que hace meses agotó el boletaje para el duelo de esta noche entre Oakland y Houston, histórico, porque es el primer juego de lunes, en sus 47 años de existencia, que se efectúa fuera de territorio estadunidense.

La afición a este deporte en nuestro país, la segunda en volumen en el planeta, sedienta de presenciar un choque de la NFL luego de 11 años de ausencia. Pero existe una diferencia importante con respecto al 2005 cuando se enfrentaron en el Coloso de Santa Úrsula San Francisco y Arizona, en el primer encuentro de temporada regular fuera de Estados Unidos, aquella vez el compromiso era por un solo partido, ahora es de 3 en un lapso de 3 años, de manera que pueden darse 2 en el 2017 o 2018, pero lo más viable es un juego por temporada.

Dentro de unas horas el estadio lucirá imponente, será un monstruo de ochenta y tantas mil cabezas después de la remodelación, que es imponente e intimidatorio. Pero vacío me parece igual. Debo confesar que tengo un romance desde hace muchos años con este lugar, más de 40. Mi papá trabajaba en el grupo Vitro y tenían un palco para traer a sus clientes. Pero cuando de vez en vez estaba libre, no perdíamos la oportunidad de venir. Aquí jugaban el América, muy seguido en jueves, y al que le iba en las épocas de Borja, Reinoso, Campeón Hernández, Pichojos Pérez, Pajarito Cortés, Popeye Trujillo, Borbolla, Monito Rodríguez, Barberena, y desde luego, compraba la revista ¡Fibra América! También vimos al Cruz Azul, al Atlético Español, al que seguía mi papá porque su equipo original era el Necaxa y por algún motivo, no sé cuál, nunca vi al Atlante.

Siempre me impactó que al palco se llegaba en coche, y el enorme contraste de la mole de concreto que es en el exterior, con el colorido del campo, de los anuncios y las tribunas una vez que se abría la puerta. Ahora el campo se ha transformado en emparrillado, estoy ávido de vivir las emociones de este evento único, y no me canso de disfrutar del estadio Azteca, tal y como la primera vez. 

enrique.burak@milenio.com

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