Llamen a los vecinos

El final de un ciclo

Me familiaricé con La Afición cuando tenía 14 años. Eran las épocas en las que se le conocía como “la lechuga”, ya que la portada y la contraportada eran verdes, contrastando con el interior en blanco y negro. Mi papá la compraba para saber qué partidos se presentarían en el Frontón México, donde íbamos casi todos los sábados por la noche, y para leer las crónicas de los encuentros que se jugaban entre semana, escritas, al igual que las del Hipódromo de Las Américas, por Don Benjamín Alarcón, padre del inolvidable Sonny.

También tenía una importante sección dedicada al beisbol de Liga Mexicana y de Grandes Ligas. Era mi fuente de información, después de todo era 1978, no existía el internet, la televisión por cable estaba en pañales, y canales deportivos como Fox o ESPN ni estaban al aire, ni se creía en ellos. Recuerdo con una especial emoción abrir La Afición el sábado por la mañana, y que fueran programados para esa noche mis delanteros favoritos, Orbea, Soraluce o Ibarlucea. Bastó muy poco para que me enamorara del jai alai, considerado el deporte más rápido del mundo, ya que la pelota viaja a más de 300 kilómetros por hora, con jugadas espectaculares y plásticas que casi lo llevan al terreno del arte, sin exagerar, al igual que dramáticas, particularmente para quienes apuestan.

Sin embargo se acercaba el fin de la primera etapa del Frontón, que sufrió un lento, pero continuo deterioro, cerrando sus puertas a mediados de los años ochenta. Reabrió a principios de los noventa, siendo todo un suceso, tanto, que se requería de conocidos para obtener un boleto. Se hicieron torneos internacionales con los mejores pelotaris del mundo, que tuve el placer de transmitir, hasta que en 1996 una huelga de empleados paró en seco las operaciones del Palacio de la Pelota.

Hace casi una década que cumplí un sueño, inimaginable a mis 14 años, escribir para La Afición. Gracias por la oportunidad a mi querido Rafa Ocampo, y a mi editor Luis Enrique Gutiérrez. Pero ese sueño hoy llega a su fin, debido a una reorganización en Grupo Milenio, casualmente a unos días de una nueva reapertura del Frontón México, tras 21 años de ausencia. Mi agradecimiento a los fieles lectores de esta colaboración, a los que les digo que próximamente nos volveremos a encontrar. 

enrique.burak@milenio.com

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