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El cerebro de las Panteras

Las Panteras de Carolina fueron el mejor equipo de la NFL con marca de 15-1, y lo han sido desde el cierre de la temporada anterior, cuando ganaron la División Sur de la Conferencia Nacional con cuatro victorias consecutivas. Este hecho no recibió mucha publicidad, ya que, pese a su buena racha, fueron los reyes de la mediocridad, con registro de 7-8-1, pero era una realidad que algo se venía fraguando.

El arquitecto del éxito actual de las Panteras es su entrenador en jefe Ron Rivera, de padre puertorriqueño y madre de ascendencia mexicana, quien está cerrando su quinta campaña al frente del equipo, y que se une a Tom Flores de los Raiders, como los únicos hispanos en llevar a su conjunto a disputar el Trofeo Lombardi.

Y aunque es debutante en el Super Bowl como entrenador en jefe, ésta en realidad es su tercera experiencia, las dos anteriores con Chicago.

Primero, en enero de 1986 en la edición XX frente a Nueva Inglaterra en Nueva Orleans, en la que apenas jugó, dado que era su segunda temporada, y porque en su posición de linebacker aparecían figuras como Otis Wilson, Wilber Marshall y Mike Singletary, pilares de la defensiva de los Monstruos del Midway.

Veintiún años después tuvo su segunda oportunidad como coordinador defensivo, en el Super Bowl XLI ante Indianápolis en Miami, pero los Osos sucumbieron ante el ataque de Peyton Manning, que obtendría su primer y único anillo del Superdomingo hasta la fecha.

Nueve campañas después, Rivera y Manning se vuelven a ver las caras, con franquicias diferentes, Panteras de Carolina y Broncos de Denver.

Dicen que una escuadra es un reflejo de su entrenador, y comparto ese punto de vista. Es indiscutible que las enseñanzas de Mike Ditka, que lo dirigiera con en Chicago, dejaron huella, particularmente en el aspecto de dejar ser a los jugadores, y que sus personalidades y egos no se convirtieran en un obstáculo para obtener logros en común.

De hecho, creo que no había un conjunto que se mostrara tan relajado y con tanta alegría camino a este duelo desde aquellos Osos, del Super Bowl Shuffle, de Jim McMahon, Walter Payton, El Refrigerador William Perry y Richard Dent, entre otros.

Rivera también probó el éxito como responsable de los linebackers de Filadelfia, que tres veces entre 2001 y 2003 perdió el Juego de Campeonato de la Conferencia Nacional, ante San Luis, Tampa Bay, y por qué no, Panteras, que acudieron a su única experiencia previa en Super Bowl.

En el camino también le aprendió al legendario John Madden, con el que charló incontables horas en las reuniones previas a los partidos entre entrenadores y jugadores con los comentaristas de las cadenas de televisión. Es más, Rivera, que sigue en contacto con Madden vía mensajes de texto, conserva las notas de sus pláticas de hace más de dos décadas.

Rivera ocasionalmente porta el anillo que ganó hace 30 años con los Osos; sin embargo, en estos días lo utilizará para motivar a sus jugadores, aunque como él mismo lo dice, el anillo representa todos los sacrificios por los que tuvo que atravesar para llegar al éxito y, sobre todo, de la unión de los esfuerzos de un grupo de individuos, sin los cuales, el triunfo no se hubiera alcanzado.

Carolina es el noveno equipo en la era del Super Bowl que llega a disputar el título de la NFL tras sufrir un revés o menos durante la temporada regular. ¿La marca de sus antecesores en el juego grande? 5-3.


enrique.burak@milenio.com
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